Aprender juntos bajo los árboles
¿Y si el retorno a lo vivo nos llevara a aprender de los árboles?
Publicado el 08 de octubre de 2025 Actualizado el 08 de octubre de 2025
El juicio de Sócrates es sin duda uno de los más fascinantes de la historia. El famoso filósofo fue acusado de diversas dolencias y obligado a beber un veneno, la cicuta, antes de morir a los 71 años.
El hombre que había sido citado como el más sabio por Pitia, la figura de la adivinación en la antigua Grecia, no lo creía realmente, así que decidió ir a interrogar a los hombres "más sabios y eruditos" de Atenas. Este irónico interrogatorio revela en general los puntos ciegos de los conocimientos de estos conciudadanos. Este juicio tiene muchas zonas grises y malentendidos que han fascinado a los historiadores.
Hoy sabemos que tuvo lugar pocos años después de la terrible Guerra del Peloponeso entre Atenas y Esparta, entre otras. Durante un tiempo, los espartanos conquistaron la ciudad y establecieron un gobierno republicano en lugar de la democracia. Ésta fue derrocada pocos años después y la democracia volvió a Atenas. Sócrates no era muy partidario del sistema democrático, prefiriendo la república. Como consecuencia, algunas personas la tomaron con él y con sus discípulos. También se le acusó de no venerar a los dioses, una acusación absurda, dado que la ciudad griega distaba mucho de ser ortodoxa y, además, muchos ciudadanos se autoproclamaban ateos.
Por otra parte, varias fuentes demuestran que Sócrates sentía un gran respeto por las divinidades. Por último, está la cuestión de la corrupción de la juventud, que parecía un ataque a su posible homosexualidad, pero que tenía más que ver con el hecho de que los jóvenes atenienses empezaran a imitar al filósofo y a cuestionar a sus mayores y colegas.
Lo que también sorprende es la defensa de Sócrates. No quiso que nadie escribiera un alegato en su nombre, a pesar de que era una práctica habitual en los juicios de la época. Fue Sócrates quien insistió en parte en que el juicio terminara con la muerte y no con el exilio.
¿Era ésta una forma de que el filósofo pusiera fin a su vida defendiendo su obra? Posiblemente, su alegato parece llevarnos a pensar que sí, y de hecho varias acciones en su contra resultaron confusas para el jurado que decidió condenarle. El veredicto no consiguió borrar al pensador de la historia, sino todo lo contrario. Gracias a su discípulo Platón, ha dejado una huella perdurable en nuestro imaginario colectivo.
Duración: 53:55
Imagen: Gordon Johnson en Pixabay
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