Temáticas de la semana

Buen juicio

Los buenos jueces basan sus decisiones en criterios que no son arbitrarios y que son conocidos por los juzgados. Asumir el cargo de juez no es fácil y requiere rigor y atención. Los juicios sólidos son difíciles de rebatir; tienen valor y dan valor a aquellos a quienes se aplica el juicio, ya sea mediante una nota, un diploma, un premio, un reconocimiento o un veredicto.

La ingenuidad, la ausencia de juicio y experiencia, es una actitud que se pierde muy rápidamente y no tiene nada que ver con el miedo a juzgar. La conclusión de que no debemos juzgar en sí misma procede de un juicio según el cual "juzgar a los demás es malo". Lo malo de juzgar es juzgar mal. Si nos dejamos influir y caemos en la arbitrariedad, por capricho del cliente o según el humor del momento, es perfectamente concebible que juzgar sea malo. El problema no es saber ejercer el juicio, ni saber reconocer la calidad de un juicio. A veces el juicio popular es maravilloso, a veces completamente destructivo.

Es más fácil aceptar el veredicto de personas cuyo buen juicio es reconocido. Confiar en el propio juicio forma parte de la confianza en uno mismo. Aunque a menudo no haya juez más despiadado que uno mismo, hay que saber reconocer las propias cualidades y eso forma parte de un buen equilibrio mental. Como no todos somos Salomón, también es perfectamente legítimo negarse a ser juzgado por personas cuya parcialidad o incompetencia conocemos. Los juicios simulados en las dictaduras no valen gran cosa.

Cualquiera que sea el valor del juicio, sus efectos pueden apreciarse, positiva o negativamente, de ahí la importancia del tema. En educación, todos conocemos el efecto Pigmalión: si pensamos que nuestros alumnos son buenos, un juicio sesgado positivamente, mejoran; si pensamos lo contrario, empeoran, porque nuestros juicios, incluso inconscientes, se reflejan en nuestro comportamiento. El juicio actúa como un filtro. En el flujo de acontecimientos, noticias en las redes o presentadas por una I.A., frente a propuestas políticas o ideológicas, la escuela sigue siendo uno de los raros lugares donde podemos contribuir a desarrollar el juicio de cada uno.

¿En qué basamos nuestro juicio? ¿Qué ocurre cuando la persona evaluada desconoce los criterios? ¿Existen criterios de evaluación universales (simetría para la belleza, armonía para la música, tiempo de respuesta para la cortesía, etc.)? ¿Cómo se sistematizan los prejuicios? ¿Cómo pueden cambiarse?

Hay mucho más que decir sobre el juicio y la educación

Denys Lamontagne - [email protected]

Ilustración: cristinaureta - Pixabay

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