Publicado el 08 de octubre de 2025Actualizado el 08 de octubre de 2025
Reconocer los efectos de los juicios de los demás
Cuidado con nuestros prejuicios
No es de extrañar que juzguemos constantemente a las personas que nos rodean. Ya sea en la escuela o en el trabajo, podemos juzgar a los demás por todo tipo de razones. Sin embargo, nuestro juicio dista mucho de ser perfecto. Está paralizado por sesgos cognitivos, bien conocidos por los especialistas.
En esta cápsula, este especialista examina dos fenómenos relacionados: el efecto halo y el sesgo de confirmación.
El primero se explica por el hecho de que tendemos a extrapolar una impresión de una persona para juzgarla en su totalidad. Por ejemplo, un colega o estudiante que da un discurso espléndido delante de los demás dará la impresión de que es competente en todo lo que hace, cuando probablemente su punto fuerte sea únicamente la comunicación. A la inversa, una persona que llega tarde dejará un regusto de pereza que llevará a pensar que no es buena en nada cuando, tal vez, lo único que tenga sean problemas de gestión del tiempo.
Como consecuencia, el sesgo de confirmación suele entrar en juego más adelante. En otras palabras, los directivos o los profesores ignorarán los aspectos negativos de quienes consideran muy positivos. Lo contrario también es cierto; las características positivas pueden pasarse por alto en favor de los defectos.
Para evitar caer en estas trampas, primero hay que examinar cómo juzgamos a cada individuo. También es mejor ceñirse a hechos concretos que a sentimientos.
Por último, para identificar los perfiles de los compañeros de equipo o de los alumnos, es mejor analizar las aptitudes individualmente para obtener una imagen más precisa de los demás.
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