Publicado el 11 de mayo de 2026Actualizado el 13 de mayo de 2026
Ciudades hostiles: la autonomía de los niños ha caído en picado en 70 años
Repensar la ciudad para hacerla más acogedora a los jóvenes
La SNCF (Société Nationale des Chemins de Fer) quería integrar algunos vagones durante las horas punta de los días laborables en los que los menores de 12 años no tuvieran acceso. Un "no a los niños" que no ha sentado nada bien entre el público.
La lista de lugares donde se prohíbe el acceso a los niños no deja de crecer. Restaurantes, vuelos, trenes... es como si la población adulta ya no pudiera coexistir con los más pequeños. Sobre todo porque los niños han perdido toda su autonomía en las ciudades. En 1950, los niños tenían unos cuatro kilómetros de autonomía alrededor de sus casas. En 1992, eso se había reducido a 400 metros, y ahora es 0.
Ahora más que nunca, los niños sólo salen con la ayuda de un adulto. Esto puede explicarse por el hecho de que las ciudades se han diseñado en torno al coche, lo que ha provocado un aumento del tráfico, que hace que los padres teman los accidentes. La excesiva cobertura mediática de los casos de niños desaparecidos también ha generado paranoia ante la posibilidad de secuestro.
Sin tener en cuenta las estadísticas que demuestran que los secuestros son cada vez menos frecuentes y que muy a menudo los llevan a cabo personas cercanas al niño. Lo mismo ocurre con los accidentes de tráfico, que no han dejado de disminuir en los últimos 30 años. Sin embargo, es cierto que la ciudad ya no está hecha para los niños.
Francesco Tonucci, investigador en educación y psicología, lo lamenta y se esfuerza por crear ciudades adaptadas a los niños. Poco a poco, ciudades de toda Europa se convencen de que hay que recuperar espacios verdes donde los niños puedan trepar, esconderse y correr.
Algunos municipios están replanteándose su señalización para que pueda leerse a la altura de los niños y ser entendida por ellos (o por ciudadanos con ciertas discapacidades lectoras). Cada vez más urbanistas y arquitectas trabajan en diseños urbanos donde tanto niños como padres puedan disfrutar y pasarlo bien.
El planteamiento forma parte de un movimiento más amplio para replantear la educación, cambiando los puntos de referencia tradicionales centrados en la carrera profesional, elevando los objetivos mucho más allá de la adaptación al trabajo e integrando otros valores como la naturaleza, la salud y el desarrollo sostenible. Convertirse en autor de la vida y no sólo en consumidor de recursos
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