Tres formas de influencia contemporánea
En el teatro de los influenciadores, les presento a los nuevos actores en escena: el facilitador, el algoritmo y el influenciador social.
Publicado el 28 de mayo de 2026 Actualizado el 28 de mayo de 2026
Las sociedades humanas siempre han producido formas de relación que pueden perdurar en el tiempo. Algunas comunidades permanecen estables durante varias generaciones, a veces durante siglos. Otras desaparecen rápidamente, a pesar de sus considerables recursos materiales.
Esta diferencia plantea interrogantes: ¿qué es lo que realmente permite a los grupos humanos perdurar? ¿Por qué ciertas relaciones resisten a las crisis, los conflictos, las migraciones o los cambios técnicos? ¿Y qué ocurre con esta capacidad de continuidad en un momento en que la inteligencia artificial está transformando la mediación humana, el aprendizaje y las propias modalidades de presencia colectiva?
La cuestión va más allá de la simple sociología de las organizaciones. Toca las condiciones de la confianza, la memoria y la cooperación humana.
La historia de la humanidad demuestra que los grupos más duraderos no son necesariamente los más poderosos económicamente o los más eficaces técnicamente. Su estabilidad procede de una compleja combinación de memoria, rituales, interdependencias concretas y relatos compartidos.
En estos diferentes casos, la duración no es ante todo el resultado de una optimización funcional. Depende más bien de la capacidad de producir un mundo compartido habitable.
Los grupos humanos que resisten el paso del tiempo presentan una serie de características recurrentes. Estos elementos son evidentes en los trabajos contemporáneos de antropología, sociología, psicología social y ciencias de la educación.
La vulnerabilidad compartida también desempeña un papel esencial. Los grupos que soportan juntos penurias -guerras, migraciones, catástrofes, falta de hogar, pobreza, trabajo duro- suelen desarrollar vínculos más resistentes. La experiencia compartida crea una memoria encarnada que va más allá del simple intercambio de información.
Otro factor decisivo es cómo se afrontan los conflictos. Los grupos sostenibles no son grupos libres de tensiones. Por el contrario, disponen de mecanismos para absorber los desacuerdos: palabrería, mediación, consejos, ritos de reparación, humor, silencio o retirada temporal. En algunas sociedades tradicionales, la prioridad no es tener razón, sino preservar la continuidad de las relaciones.
Por último, los grupos duraderos están casi siempre vinculados a un entorno. Las relaciones humanas están enraizadas en paisajes, territorios, rutas, arquitectura o lugares habitados. Esta dimensión está en consonancia con la mesología de Augustin Berque: los seres humanos no viven simplemente en un entorno exterior, sino en un entorno co-construido por costumbres, símbolos y prácticas. El territorio actúa como memoria viva del grupo.
La llegada masiva de la inteligencia artificial ya está modificando varias de las condiciones que históricamente han sustentado las relaciones duraderas.
Pero esta transformación es profundamente ambigua. Las relaciones duraderas se construyen históricamente a partir de experiencias encarnadas: caminar juntos, compartir una comida, superar dificultades, habitar un territorio, trabajar codo con codo, esperar, escuchar el silencio, observar los gestos del otro. Gran parte de la confianza humana procede de interacciones lentas y multisensoriales. Sin embargo, la IA tiende a veces a reducir la relación a un intercambio optimizado de información.
El riesgo no es sólo técnico. Es antropológico. Cuando las mediaciones digitales sustituyen progresivamente a las situaciones de la vida real, los grupos pueden conservar una apariencia de conexión al tiempo que pierden su densidad relacional. Las interacciones son más numerosas, pero a menudo menos atractivas.
La velocidad puede producir una ilusión de proximidad sin una experiencia compartida real. Investigaciones recientes sobre la sobrecarga cognitiva y la fragmentación atencional demuestran que la hiperconexión debilita la memoria colectiva y la atención profunda. Esto dificulta que los grupos construyan narrativas compartidas estables.
La IA también está transformando la transmisión. Parte del conocimiento que antes se transmitía a través de la compañía o la presencia puede ahora externalizarse a sistemas técnicos. Esto abre considerables posibilidades de acceso al conocimiento. Pero también puede reducir ciertas oportunidades de encuentro humano. En profesiones basadas en la experiencia implícita, como los cuidados, la artesanía, la facilitación, el liderazgo y la educación, una parte esencial del aprendizaje pasa por la observación atenta de gestos, ritmos, silencios y ajustes relacionales. Estas dimensiones siguen siendo en gran medida resistentes a la automatización. La pregunta entonces es menos: "¿Sustituirá la IA a los grupos humanos?" que: "¿Qué formas de relaciones humanas seguiremos cultivando a pesar de la IA?".
Los grupos que probablemente perduren mañana no serán ni los que rechacen por completo la tecnología ni los que deleguen toda la mediación en sistemas automatizados. Los colectivos robustos serán quizá los capaces de mantener experiencias de presencia real en un mundo saturado de mediaciones digitales.
Esta tensión ya es patente en muchas organizaciones. Cuanto más complejos y digitalizados se vuelven los sistemas, mayor es la necesidad de diálogo, facilitación, paseos reflexivos, rituales colectivos y experiencias en la naturaleza. Es como si la aceleración de la tecnología produjera simultáneamente la búsqueda de un nuevo enfoque humano.
El reto contemporáneo probablemente no sea elegir entre tecnología y relaciones, sino preservar las condiciones sensibles para el aprendizaje colectivo.
Los grupos humanos perduran cuando comparten algo más que datos: ritmos, vulnerabilidades, gestos, paisajes y experiencias vividas. La inteligencia artificial puede apoyar la memoria, ayudar a formalizar el conocimiento o facilitar ciertas formas de coordinación. Pero no puede sustituir la confianza que se construye poco a poco, la profundidad del silencio compartido ni la transformación interior que a veces se produce al estar juntos presentes en el mundo vivo.
Referencias
Berque, A. (2000). Ecoumène. Introduction à l'étude des milieux humains. Belin.
Bowlby, J. (1988). A secure base: Parent-child attachment and healthy human development. Basic Books.
Durkheim, É. (1912). Formas elementales de vida religiosa. Alcan.
Halbwachs, M. (1950). La mémoire collective. Presses Universitaires de France.
Mauss, M. (1925). Essai sur le don. Presses Universitaires de France.
Rosa, H. (2018). Résonance. Una sociología de la relación con el mundo. La Découverte.
Sahlins, M. (1972). Economía de la edad de piedra. Aldine.
Woodburn, J. (1982). Egalitarian societies. Man, 17(3), 431-451.
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