Publicado el 24 de junio de 2026Actualizado el 24 de junio de 2026
Censura científica: una señal para todas las democracias
Cómo mantener el rumbo en un entorno menos acogedor para los científicos
Al llegar al poder por segunda vez, Donald Trump decidió eliminar gran parte de las páginas web que no se ajustaban a su política. En cuestión de horas desaparecieron todos los datos sobre temas como la diversidad, la inclusión, el cambio climático, la transición de género, etc.
Si todo esto solo afectara a Estados Unidos, se podría percibir en ciertas facciones políticas y en algunos sectores de la población una aversión hacia la ciencia, sobre todo cuando no les conviene. Pero esta censura ha provocado una onda de choque en la comunidad científica, que, desde entonces, apenas ha opuesto resistencia a este ataque frontal.
Algunos se han plegado a la situación mientras dure este mandato, mientras que otros han dirigido su mirada hacia otras naciones. Europa, que ha sido testigo de lo ocurrido, ha comenzado a intentar ayudar a sus colegas lo mejor que ha podido. Algunos les han ofrecido asilo; otros aprovechan la presencia de laboratorios europeos en territorio norteamericano para mantener mentes brillantes en entornos que no están sujetos a las exigencias de Washington.
No obstante, Europa también está observando un auge del sentimiento anticientífico en varios países. ¿Tendrán los científicos que resistir y encontrar formas de conservar los datos a escondidas? Este futuro potencial suscita interrogantes.
El juicio simulado es, en esencia, un ejercicio de conflicto y, por tanto, promueve la enseñanza a través del debate y, por extensión, el conflicto cognitivo. Este conflicto cognitivo surge de los debates e intercambios que proporciona el ejercicio en grupo.
¿Cómo entender estas inmensas redes que se han abierto paso en nuestro planeta, o incluso explicarlas a los neófitos? ¿Y cómo explicar la importancia de protegerlas y gestionarlas?
La música suaviza los ánimos. Una buena melodía calma a alguien o le hace sentirse feliz. Pero sería simplista atribuir sólo esta propiedad a las melodías que escuchamos. Escuchar música no sólo activa nuestro cerebro, sino que practicarla puede incluso mejorar ciertas habilidades de aprendizaje.
La necesidad de promocionarse y las dificultades que entraña hacerlo hacen que algunas personas necesiten cada vez más reconocimiento. Cómo destetarse de la dopamina y la presión de las redes sociales.