Dejar una relación que hace daño parece sencillo visto desde fuera. Uno piensa: basta con dar un portazo, pero, sin embargo, mucha gente se queda. No es porque sean débiles o porque tengan miedo a la soledad, sino porque esa relación se ha convertido en parte de ellos mismos.
Vivir en la historia que nos contamos
Cada uno se cuenta una historia sobre su propia vida y esa historia da sentido a lo que estamos viviendo. Tiene un comienzo, momentos difíciles, momentos felices y un rumbo.
El psicólogo Dan McAdams ha estudiado este fenómeno en su libro «The Stories We Live By». Para él, no somos una persona inmutable desde siempre. Somos una historia que reescribimos poco a poco, a medida de lo que nos va sucediendo, y esa historia incluye tanto los momentos malos como los buenos.
En una relación tóxica que dura años, el sufrimiento acaba formando parte de esa historia. Nos vemos a nosotros mismos como alguien que aguanta, que ama incondicionalmente, que espera que la otra persona cambie. A menudo, el recuerdo de los comienzos alimenta esa esperanza. Recordamos a la persona que conocimos antes, aquella que era atenta, divertida, presente. Nos decimos a nosotros mismos que los momentos difíciles son solo pasajeros, accidentes que no definen quién es realmente. Marcharse, en ese momento, significaría borrar toda esa historia y reconocer que todos esos años no habrían servido para nada.
Eso es lo que la gente de alrededor no siempre ve; se limitan a decir: «vete», pero para la persona que vive esta situación no es una simple decisión que tomar, es toda su historia la que se derrumba.
El cuerpo se apega
Permanecer en una relación que hace daño no es solo una cuestión mental. El cuerpo también desempeña un papel, y ese papel es poderoso.
La psiquiatra Judith Herman lo explica en su libro «Trauma and Recovery». Cuando una relación alterna entre momentos duros y momentos dulces, el cuerpo aprende algo extraño: asocia la intensidad de las emociones con la presencia de la otra persona. En este caso, no es que seamos débiles, es simplemente la forma en que nuestro cuerpo reacciona ante una situación impredecible.
Las reconciliaciones suelen vivirse como momentos muy intensos. La tensión, seguida del alivio, crean una sensación que las relaciones tranquilas no suelen proporcionar. El dolor y el bienestar se mezclan en el mismo instante, con la misma persona.
Según la Organización Mundial de la Salud, casi una de cada tres mujeres en el mundo ha sufrido violencia física o sexual por parte de su pareja a lo largo de su vida. Esta cifra tan elevada no se entiende sin tener en cuenta este mecanismo del cuerpo: el miedo y el consuelo que se suceden en la misma relación hacen que marcharse resulte mucho más difícil de lo que se imagina desde fuera.
Y es entonces cuando marcharse se vuelve casi imposible de imaginar. No solo porque se ama a pesar de los golpes duros, sino también porque los golpes duros forman parte de lo que llamamos amar a esa persona.
Ver a la pareja como nos gustaría que fuera
Hay otro mecanismo que complica aún más las cosas. Tendemos a ver a nuestra pareja mejor de lo que realmente es, incluso cuando se acumulan las pruebas de lo contrario.
Los investigadores Sandra Murray, John Holmes y Dale Griffin han estudiado estas ilusiones positivas en la pareja. Su conclusión: las personas que están en pareja tienden a ver más cualidades en su pareja de las que la propia pareja ve en sí misma. En este caso, la persona no es necesariamente ingenua. Se trata de un mecanismo interno que se activa de forma natural para ayudarla a seguir comprometida con la relación y a sufrir menos por la discrepancia entre lo que se siente y lo que se observa.
En una relación tóxica, este mecanismo se vuelve en contra de la persona. Los comportamientos hirientes se convierten en signos de fragilidad, en errores pasajeros. Esta visión idealizada tiene un coste silencioso: empuja a minimizar lo que se sufre, y los comportamientos de control o de celos se interpretan entonces como pruebas de amor en lugar de como señales de alarma. Vemos a la otra persona no por lo que hace, sino por lo que podría volver a ser. Y es precisamente esa esperanza la que nos empuja a quedarnos.
Pero esta visión idealizada no siempre es destructiva. En una pareja sin violencia ni desprecio, esa misma tendencia a ver lo mejor del otro suele ayudar a superar las crisis habituales y a reforzar el vínculo a largo plazo. El mismo mecanismo protege a una pareja sana y atrapa a una pareja tóxica.
Aceptar la realidad tal y como es implicaría reconstruirlo todo a la vez: la imagen del otro, la imagen de uno mismo y el sentido de toda la relación. Un reto que a mucha gente le resulta más difícil de afrontar que el sufrimiento cotidiano.
Marcharse, para reconstruir quiénes somos
Entender todo esto cambia la pregunta inicial. La verdadera pregunta ya no es por qué alguien se queda, sino más bien:¿qué implica realmente marcharse? Implicareplantearse quiénes somos, reescribir nuestra historia y hacer el duelo de mucho más que la propia relación.
Las personas de nuestro entorno suelen dar por sentado que, una vez tomada la decisión, todo fluye con naturalidad. Pero la decisión nunca es lo primero. Llega tras un largo proceso interior, que requiere tiempo, apoyo y, a veces, la ayuda de un terapeuta.
Según Patricia Delahaie, periodista y socióloga, en «Ces amours qui nous font mal», es posible marcharse, pero hay que superar varias etapas. Las razones que nos empujan a quedarnos no desaparecen de golpe por pura fuerza de voluntad. Hay que trabajarlas, una por una, con el tiempo que sea necesario.
El sufrimiento que se vive en una relación tóxica forma parte de la vida de una persona. El camino para salir adelante no pasa por el olvido ni por la vergüenza. Pasa por la capacidad de contarse una nueva historia, con una visión más acertada de lo que realmente ocurrió.
Ilustración: Magnific - 70782473
Referencias
Judith Herman, Trauma and Recovery, 1992,
https://ia803207.us.archive.org/14/items/radfem-books/Trauma%20and%20Recovery_%20The%20Afterm%20-%20Judith%20L.%20Herman.pdf
Dan P. McAdams, *The Stories We Live By*, 1993, - https://archive.org/details/storieswelivebyp0000mcad/page/n339/mode/1up
Sandra Murray, John Holmes y Dale Griffin, «The self-fulfilling nature of positive illusions in romantic relationships»,
https://love-diversity.org/murray-s-l/
Organización Mundial de la Salud, «Violencia contra las mujeres», 2025,
https://www.who.int/fr/news/item/19-11-2025-lifetime-toll--840-million-women-faced-partner-or-sexual-violence
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