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Publicado el 14 de diciembre de 2010 Actualizado el 30 de abril de 2026

Utilizar la autoridad para motivar

Tres tipos de autoridad para tres tipos de relación educativa

El objetivo último de la enseñanza es fomentar la autonomía de los niños, una autonomía que se adquiere gradualmente a lo largo del proceso de aprendizaje. Las relaciones pedagógicas que se forjan entre el profesor o formador y los alumnos a lo largo de este proceso implican el ejercicio de una autoridad polifacética y más o menos aceptada. Una publicación de Christian Reynaud, profesor titular de Ciencias de la Educación, en la Revue de recherche de l'IUFM de l'académie de Montpellier Tréma nos llamó la atención por la taxonomía de la autoridad que proponía:"Tres tipos de autoridad para tres modos de relación pedagógica".

¿Se puede enseñar sin manipular?

Los profesores manipulan, explícita o implícitamente, a los alumnos, en el sentido de que los conducen, de un modo u otro a través de su actuación, a actuar por su propio bien, es decir, para alcanzar sus objetivos de aprendizaje. La manipulación es una herramienta entre otras para despertar el interés de los alumnos y evitar enfrentamientos desagradables o la pasividad, imponiendo una dinámica utilizada para "el bien común". Es positiva porque pretende conducir a los manipulados hacia una posición que les resulte más interesante. Sin embargo, Christian Renault relativiza la eficacia de la manipulación para mantener una dinámica de grupo en el aula, porque el uso de la manipulación puede permitir alcanzar los objetivos del profesor, pero al mismo tiempo refuerza una creencia colectiva que legitima el uso de la fuerza en los procesos de aprendizaje y, por tanto, constituye un poder sobre los demás.

La manipulación también puede ser negativa y servir únicamente a los intereses del manipulador. De hecho, la motivación humana tiene dos aspectos: intrínseco, cuando extraemos recursos de nuestro interior, y extrínseco, cuando nos dejamos llevar por consideraciones externas como el aprecio del profesor o una buena nota. Es más, el ser humano se mueve por dos sistemas de motivación que al principio se asemejan a la dependencia (búsqueda de la intervención de los demás) y luego cada vez más a la responsabilidad y la autonomía, alternándose ambos sistemas de vez en cuando. El riesgo consiste en inhibir la autonomía del alumno mediante la activación constante de factores extrínsecos, llegando el manipulador a utilizar las vulnerabilidades emocionales de los demás (necesidad de seguridad y amor, miedo a lo desconocido) sin su conocimiento para conseguir que piensen o actúen con el fin de alcanzar el objetivo fijado por el manipulador. Y paradójicamente, la persona se convierte en cierto modo en el manipulador/manipulado, explotando al extremo el potencial de la manipulación para controlar el aprendizaje.

Influencia y coaching para desarrollar la personalidad

Sin embargo, la manipulación no es la única forma en que se expresa la autoridad del profesor. Christian Renault se refiere a la influencia del grupo de alumnos y al apoyo del profesor, e identifica tres tipos de autoridad.

El alumno debe poder beneficiarse de las aportaciones de los demás (y al mismo tiempo ser capaz de identificar sus puntos fuertes y débiles) y movilizar sus propios recursos cognitivos y emocionales. La empatía, que nos permite identificarnos con los demás, puede utilizarse para influir en ellos o apoyarlos, según las necesidades del alumno: al darme cuenta de que los demás no son tan diferentes de mí, que tienen "buenas" razones para hacer lo que hacen, decir lo que dicen y pensar lo que piensan, puedo verlos como un alter ego capaz de decidir su propio destino. Así es como podemos explotar nuestra capacidad de salir de patrones repetitivos y experimentar nuevos comportamientos.

LIPPITT y WHITE definen tres tipos de funcionamiento de los grupos:

  • Liderazgo autocrático o autoritario: las decisiones las toma un único líder, que permanece al margen de la vida del grupo.
  • Liderazgo democrático o participativo: las decisiones son el resultado de discusiones instigadas por un líder y tienen en cuenta la opinión del grupo.
  • Liderazgo permisivo o "laissez faire": un líder especifica los objetivos y los recursos asignados al grupo, pero luego adopta una actitud pasiva. El grupo tiene total libertad para tomar sus propias decisiones.

En una relación educativa, si la manipulación es similar al primer tipo de autoridad, y el ejercicio literal de la autonomía es similar al tercer tipo, el liderazgo democrático y participativo parece permitir el desarrollo de la autonomía y la responsabilidad sin eclipsar la intervención y el apoyo del profesor o formador.

La necesidad de autoridad respetando los valores democráticos

Para Christian, la relación educativa implica tres tipos de autoridad: el primero, cercano a lo que generalmente se denomina autoritarismo, sería identificable porque correspondería a una manipulación de la persona a la que se dirige la autoridad. El segundo tipo estaría asociado a una relación de influencia que, aunque necesaria para el desarrollo psicológico, mantendría al sujeto (alumno) en una relación de dependencia respecto a la autoridad. El tercer tipo de autoridad, al responsabilizar a cada individuo de sus propios pensamientos, sentimientos y acciones, desactivaría el riesgo de violencia asociado a cualquier intento de manipulación, y se asociaría a un apoyo potenciador.

Para mejorar la eficacia de la intervención educativa y permitir el surgimiento de una generación de ciudadanos responsables, es este tercer tipo el que debería favorecerse.

Para saber más: La fuerza de la reacción.


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