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Publicado el 13 de marzo de 2024 Actualizado el 14 de marzo de 2024
¿Es más importante la calidad de lo que comemos que la atención que le prestamos? La pérdida de valor nutritivo de los alimentos es un fenómeno preocupante que afecta a nuestra alimentación.
En este artículo ponemos cifra a este fenómeno y sugerimos formas de hacer algo al respecto.
Según la revista Nature, la pérdida está presente en proporciones significativas en la mayoría de los productos alimenticios:
Las frutas y verduras crudas han visto disminuir su valor nutritivo, con descensos variables según el nutriente y el tipo de producto. Por ejemplo, el contenido en proteínas ha descendido un 6%, mientras que la vitamina B2 lo ha hecho en un más significativo 38%.
Entre los nutrientes afectados se encuentran
Los cereales no se quedan atrás: un estudio revela que el contenido proteínico del trigo descendió un 23% entre 1955 y 2016. Además, los niveles de manganeso, hierro, zinc y magnesio también han disminuido considerablemente en los cereales.
Esta disminución del valor nutritivo también repercute en los consumidores de carne, ya que los animales de granja se alimentan ahora de pastos y cereales menos nutritivos, lo que hace que la carne y otros productos animales sean menos nutritivos que antes.
La pérdida de valor nutritivo de las frutas y hortalizas está relacionada con las prácticas agrícolas modernas y el aumento de los niveles de dióxido de carbono en la atmósfera.
El objetivo de las prácticas agrícolas actuales es aumentar el rendimiento de los cultivos, haciendo que las plantas crezcan más y más rápido. El crecimiento acelerado no permite a las plantas absorber los nutrientes del suelo ni sintetizarlos internamente a un ritmo suficiente. Es más, un mayor rendimiento diluye los nutrientes en un mayor volumen de cultivos, reduciendo su concentración en frutas y hortalizas. Como a los agricultores se les paga en función del peso de sus cosechas, se les incita a adoptar prácticas perjudiciales para el contenido de nutrientes.
El cultivo intensivo daña el suelo, agotando sus recursos y comprometiendo la capacidad de las plantas para formar asociaciones con hongos micorrícicos. Estos hongos actúan como prolongadores de las raíces de las plantas, mejorando su acceso a los nutrientes del suelo y al agua. La agricultura intensiva reduce así la calidad y la fertilidad del suelo, afectando a la capacidad de las plantas para absorber los nutrientes necesarios.
Elaumento de los niveles de dióxido de carbono en la atmósfera es otro factor que contribuye a reducir el valor nutritivo de los alimentos. Cuando cultivos como el trigo, el arroz, la cebada y las patatas están expuestos a niveles más altos de dióxido de carbono, generan más compuestos a base de carbono, lo que se traduce en un mayor contenido de carbohidratos (o hidratos de carbono). Los cultivos también absorben menos agua cuando los niveles de dióxido de carbono son altos, lo que reduce su absorción de micronutrientes del suelo. Los experimentos han confirmado que las concentraciones de proteínas, hierro, zinc y varias vitaminas del grupo B disminuían en distintos tipos de arroz tras su exposición a niveles más altos de dióxido de carbono.
Una buena solución es cubrir tus propias necesidades cultivando un huerto con métodos naturales tradicionales.
Cultivar un huerto con métodos naturales ancestrales, como la permacultura, el compostaje y la gestión integrada de plagas, permite crear un ecosistema equilibrado y productivo respetando el medio ambiente. He aquí algunos pasos y consejos para empezar:
Siguiendo estos principios de permacultura (fuente: https: //www.horticulteur.net/permaculture/) y observando atentamente tu huerto, puedes crear un ecosistema armonioso y productivo que respete el medio ambiente.
Si no puedes cultivar tus propios alimentos, opta por productos ecológicos y locales. Los alimentos ecológicos y de producción local suelen ser más ricos en nutrientes que los procedentes de la agricultura convencional.
Si tiene hijos, gestionar un huerto es también una fuente de aprendizaje y de reconexión con la naturaleza.
La horticultura tiene muchos beneficios educativos tanto para los niños como para los adultos. Esta actividad no sólo permite a los niños adquirir conocimientos y habilidades prácticas, sino que también les ayuda a desarrollar una conciencia medioambiental y fomenta el bienestar personal. He aquí algunos de los beneficios educativos de la jardinería:
El agotamiento de los nutrientes de nuestros alimentos puede compensarse parcialmente utilizando plantas medicinales y complementos alimenticios. Aquí tienes algunos consejos que te ayudarán a conseguirlo:
Muchas plantas son ricas en nutrientes y pueden ayudar a compensar carencias. Algunas de ellas pueden tomarse en infusiones, decocciones, tinturas madre o en forma de cápsulas. Entre las plantas más interesantes están la ortiga (rica en hierro, calcio y vitaminas), la espirulina (alga rica en proteínas, hierro y vitaminas) y el ginseng (un tónico adaptógeno).
Los complementos alimenticios pueden aportar los nutrientes específicos que tu cuerpo necesita. Se presentan en diferentes formas (cápsulas, comprimidos, ampollas, polvos, etc.) y contienen distintos ingredientes (vitaminas, minerales, aminoácidos, extractos de plantas, etc.). Es importante elegir suplementos de alta calidad que se adapten a sus necesidades y respetar las dosis recomendadas. Lo ideal es buscar asesoramiento profesional.
Desde un punto de vista general, para mejorar la calidad de los alimentos es importante centrarse en la salud del suelo, ya que tiene un efecto directo en el contenido de nutrientes de los cultivos. He aquí algunas estrategias a adoptar:
Agricultura regenerativa: Este método pretende restaurar la fertilidad del suelo mediante prácticas sostenibles. Mejora la materia orgánica presente en el suelo, su estado general de salud y aumenta los niveles de determinadas vitaminas, minerales y compuestos en los cultivos.
Evite arar: El arado intensivo puede provocar el agotamiento de los minerales del suelo. Por tanto, es preferible limitar esta práctica para preservar la calidad del suelo.
Plantarcultivos de cobertura: Los cultivos de cobertura como el trébol, el ray-grass o la veza pueden proteger el suelo de la erosión y evitar el crecimiento de malas hierbas.
Rotación de cultivos: Cambiar regularmente el tipo de cultivo de cada parcela puede ayudar a mejorar el contenido en nutrientes de los cultivos siguientes.
Comer alimentos variados: Para los consumidores, es importante comer frutas, verduras y cereales integrales de distintos colores. Esto ayuda a compensar ciertas pérdidas de nutrientes y a satisfacer sus necesidades nutricionales.
Mejorar la calidad de los alimentos requiere prácticas agrícolas sostenibles y una dieta variada.
Ante el agotamiento de los nutrientes de nuestros alimentos, debemos adoptar estrategias para mejorar la calidad de nuestra alimentación y preservar nuestra salud. Cultivar un huerto utilizando métodos naturales ancestrales como la permacultura, el compostaje y la gestión integrada de plagas es una forma eficaz de crear un ecosistema equilibrado, productivo y respetuoso con el medio ambiente.
Favorecer los alimentos ecológicos y locales, ricos en nutrientes, contribuye a una alimentación más sana y sostenible. El uso de plantas medicinales y complementos alimenticios puede ayudar a compensar las carencias de nutrientes.
Repensemos nuestra forma de producir y consumir para garantizar alimentos de alta calidad y proteger nuestra salud y nuestro planeta.
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