Ya sea en forma de píxeles, trajes de época o cuentos fantásticos, estos usos lúdicos de la historia tienen algo en común: sacuden nuestra relación con el pasado. Al invitarnos a entrar literalmente en la historia, a vivirla y recrearla en lugar de contemplarla desde la distancia, abren nuevas formas de transmitirla y apropiarnos de ella.
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