Publicado el 06 de diciembre de 2023Actualizado el 06 de diciembre de 2023
¿Debemos desconfiar o confiar en nuestras emociones?
Aprender a descifrar lo que se vive
Tenemos una relación muy especial con nuestras emociones. Por un lado, a menudo nos avergüenza ser emocionales en público; nos sentimos obligados a ser racionales en un mundo de rendimiento. Por otro lado, muchos de nosotros compartimos nuestras emociones de forma casi narcisista en nuestras redes sociales. Nuestra relación con esta parte tan humana de nosotros mismos no es nueva.
Durante mucho tiempo, las emociones se llamaron pasiones porque se consideraban algo pasivo que atravesaba al individuo. No fue hasta el filósofo Spinoza, entre otros, que desafió esta visión, viendo las emociones en su lugar como motores que conducen a la acción, ya sea para bien o para mal.
En 2022, la intelectual Ilaria Gaspari publicó su "Petit manuel philosophique à l'intention des grands émotifs" (Pequeño manual filosófico para la intención de los grandes motivos emocionales), que aborda casi como un manual las distintas emociones humanas y su significado. En primer lugar, distingue entre emoción y sentimiento. Este último es el acto de revivir una emoción, de reflexionar sobre ella.
Así, desde la felicidad hasta la ira, todo puede explicarse como una parte de nosotros que se expresa. Los celos, por ejemplo, son la constatación de que somos prescindibles tanto profesional como personalmente. Descifrando nuestras emociones, podremos manejarlas mejor y dejarnos herir menos por ciertas situaciones.
Cada biblioteca debe definir su propia identidad, con referencia a la zona en la que está ubicada y a las necesidades y expectativas de la población local.
La tecnología digital desempeña un papel importante en el éxito educativo; al ofrecer nuevas formas de aprender, comunicarse, compartir, crear y colaborar, los directores están insuflando nueva vida a la escuela de hoy.
La inteligencia artificial pretende dar respuestas cercanas a las que daría un humano si estuviera dotado de memoria y capacidad de cálculo extraordinaria.
Además de la fuerza bruta ligada a la potencia de los procesadores, esto requiere una consideración afinada del contexto y de los aspectos emocionales, para identificar la información que puede ser relevante para el individuo que la recibe.
Ver lo que crees significa convencerte de que lo que quieres ver existe, para garantizar la coherencia interna y externa. Ver lo que uno cree también significa mirar bajo la superficie, ser sensible a las señales débiles y a los detalles, para descubrir finalmente, en el sentido literal de la palabra, otra imagen. Pero cuando sucede lo inesperado, desbarata la creencia y se lleva por delante la razón.
¿Ha llegado la inteligencia artificial a sus límites? Un problema de gestión de la complejidad, la ética, el discernimiento y la comprensión del sentido común. Tal vez, pero veamos las cosas de otra manera. ¿Y si, de hecho, la inteligencia artificial fuera lo que los pergaminos fueron para los libros hace 500 años, en la época de la última gran transformación occidental llamada Renacimiento?