En 2020 y 2021, para evitar la propagación del virus covid-19, tuvimos que quedarnos en casa todo lo posible. Este periodo de permanencia en casa nos afectó en los años siguientes. Salir a la calle se convirtió en un soplo de aire fresco, y esto repercutió en el sistema escolar. La idea de las clases al aire libre empezó a extenderse. Bien implantado en los países escandinavos, el concepto ganó adeptos durante y después de la pandemia.
Las clases al aire libre se perciben a menudo como una clase "ordinaria" en un entorno menos controlado. Casi olvidamos que el aprendizaje al aire libre puede conducir al juego. Dar una clase en el bosque no tiene ningún valor añadido. Tiene mucho más sentido aprovechar el entorno para que los alumnos se diviertan.
El juego favorece el aprendizaje
Porque, no lo olvidemos, jugar no es una actividad sin sentido que no sirve para nada. Es una de las primeras formas que tiene el cerebro de adquirir destrezas, establecer conexiones y comprender cosas. El niño pequeño que tira constantemente su juguete al suelo puede parecer molesto al padre que tiene que recogerlo. Sin embargo, repite el gesto porque no sólo le divierte, sino que puede captar que en este mundo los objetos se sienten atraídos por el suelo y que, según la fuerza con que lo empuje, llegará más o menos lejos. Lo mismo ocurre cuando emite sonidos extraños en bucle, experimentando con el funcionamiento de sus cuerdas vocales y las transformaciones sonoras que puede lograr con la garganta y la boca.
Así, desde los primeros años de vida, jugar en la naturaleza les permite adquirir el tono muscular que necesitan para aprender a sujetar un lápiz, desarrollar un sentido básico de la conciencia espacial e incluso ensayar preceptos que encontrarán su camino en las matemáticas. Elementos todos ellos mucho menos fáciles de aprender delante de pantallas. Por eso, pediatras y especialistas infantiles instan a las familias a que animen a sus hijos a jugar al aire libre con regularidad, incluso en pleno invierno, para desarrollar mejor sus capacidades físicas, sociales e intelectuales a través del juego.
La receta escolar para jugar al aire libre
Los críticos podrían señalar, sin embargo, que la escuela no es un lugar para jugar. Los alumnos necesitan salir de la escuela con habilidades y conocimientos específicos. Sería fácil creer que pasar todo el tiempo jugando al aire libre sólo les hará retroceder. Sin embargo, la investigación educativa muestra cada vez más los beneficios holísticos de este enfoque pedagógico. El contacto con la naturaleza y la posibilidad de salir a gastar un poco de energía es una verdadera oportunidad para los alumnos. Ya es posible encontrar potencial pedagógico en el juego libre, pero nada impide orientar un poco el juego para que responda a objetivos concretos.
En Quebec, Pascale Tremblay y Julie Turcotte han desarrollado el programa "Mission plein air" para dar a los profesores ideas diferentes. Pueden organizar partidos de "fútbol matemático", crear carreras de relevos de palabras de vocabulario, jugar a encontrar formas geométricas o patrones en el bosque, etc. Este planteamiento es tanto más interesante cuanto que los expertos en educación saben que el pensamiento abstracto es más difícil de adquirir en los jóvenes. Combinar conceptos más teóricos con la practicidad del juego al aire libre aúna lo mejor de ambos mundos.
Existen multitud de enfoques lúdicos para abordar diferentes temas educativos. Los más pequeños pueden divertirse intentando encontrar elementos para cada letra del abecedario en un entorno natural, o escribir un poema sobre una flor o una hoja de árbol que hayan recogido. Los niños mayores pueden desarrollar búsquedas del tesoro o hacer de tenderos que venden elementos naturales (obligándoles a calcular).
Por supuesto, estas sesiones de juego requieren planificación y, sobre todo, la capacidad del profesor para vigilar de cerca al grupo. Sin embargo, las repercusiones positivas de estas sesiones puntuales de aprendizaje serán más visibles y abundantes que las largas sesiones lectivas entre las cuatro paredes de un aula.
Imagen creada por AI (Copilot)
Referencias :
Allard, Sophie. "Aprender al aire libre: 10 experimentos y actividades para hacer con niños". Revista Vifa. Última actualización: 28 de mayo de 2021. https://vifamagazine.ca/bouger/activites-familiales/experiences-et-activites-a-faire-avec-les-enfants-pour-apprendre-en-plein-air/.
"La importancia del juego al aire libre, incluso en invierno". Guarderías y centros de día BrightPath. Última actualización: 14 de enero de 2022. https://brightpathkids.com/family-blog/benefits-of-outdoor-play-in-the-winter.
"El juego al aire libre favorece el aprendizaje en la escuela". Revista Vifa. Última actualización: 10 de mayo de 2021. https://vifamagazine.ca/comprendre/sante-physique/jouer-dehors-favorise-les-apprentissages-scolaires/.
Kennedy, Nicoletta. "El juego al aire libre es importante y favorece el aprendizaje". First Things First. Última actualización: 30 de julio de 2024. https://www.firstthingsfirst.org/first-things/active-outdoor-play-boosts-learning/.
Rekers, Angie, y Jane Waters. "El aprendizaje basado en el juego al aire libre de los niños pequeños". Encyclopedia on Early Childhood Development. Última actualización: 30 de julio de 2024. https://www.child-encyclopedia.com/outdoor-play/according-experts/young-childrens-outdoor-play-based-learning.
Roy, Marie-Josée R. "Jouer dehors pour mieux apprendre". Le Devoir. Última actualización: 7 de febrero de 2024. https://www.ledevoir.com/societe/education/806363/pedagogie-plein-air-jouer-dehors-mieux-apprendre?.
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