La diversidad del potencial
En la carrera por los diplomas y las distinciones, nuestro sistema educativo parece olvidar a veces su misión primordial: formar ciudadanos realizados, creativos y responsables. La "dictadura de la nota", esta obsesión por los resultados académicos, ejerce una presión cada vez mayor sobre los hombros de los alumnos(1). Desde muy pequeños, aprenden que su valía se mide por su boletín de notas. Cada prueba, cada examen se convierte en una prueba estresante, decisiva para su futuro. En esta competición constante, muchos acaban perdiendo las ganas de aprender, perdiendo de vista el sentido de lo que hacen. Trabajan para sacar buenas notas, no para desarrollar sus talentos y pasiones.
Pero, ¿no tiene la escuela un papel más amplio que desempeñar? Además de impartir conocimientos, ¿no debería ayudar a cada niño a construir su identidad, desarrollar sus habilidades sociales y emocionales y dar rienda suelta a su potencial creativo?
Al reducir el éxito escolar al rendimiento académico, estamos pasando por alto aspectos esenciales del desarrollo de los jóvenes. Estamos formando alumnos dóciles y conformistas, en lugar de fomentar su pensamiento crítico y su originalidad. Les animamos a encajar en un molde estrecho, en lugar de valorar la diversidad de su inteligencia y sus aspiraciones.
¿Y si cambiáramos el paradigma? ¿Y si, en lugar de santificar la nota, diéramos más cabida a otras formas de éxito? Algunas escuelas pioneras han dado el paso, haciendo hincapié en competencias como la creatividad, la cooperación y el compromiso cívico. Han reinventado sus espacios y prácticas docentes para promover el bienestar y la realización de sus alumnos. Sus inspiradoras iniciativas abren nuevas perspectivas.
Este artículo explora estas prometedoras vías para devolver el sentido y el asombro al aprendizaje. Porque es cultivando el placer de aprender, valorando el progreso de cada individuo en todas sus dimensiones, como crearemos ciudadanos realizados y felices.
Los límites de una visión estrecha del éxito académico
La dictadura de la nota y sus efectos perversos
Desde la escuela primaria, se enseña a los alumnos que sus notas determinan su valía académica. Esta presión genera estrés, competitividad y miedo al fracaso. Muchos alumnos desarrollan estrategias de empollamiento para obtener las mejores notas posibles, en detrimento de un aprendizaje en profundidad. Sólo retienen lo que se les marca y olvidan rápidamente el resto. Esta carrera por las notas les distrae del placer de aprender y comprender(3).
Alumnos bajo presión, desmotivados
Esta obsesión por el rendimiento tiene consecuencias nefastas para la motivación y el bienestar de los alumnos. La presión de los exámenes y la necesidad de obtener la mejor nota pueden provocar un aumento preocupante del estrés, la ansiedad y los trastornos depresivos en los jóvenes(4).
Enfrentados a exigencias a veces desmesuradas, muchos se desaniman y sienten que fracasan constantemente. Dejan de ver el sentido de lo que aprenden. La escuela se convierte en un lugar de sufrimiento más que de realización. Y este malestar repercute directamente en sus resultados y en su compromiso con la escuela.
Una visión simplista del papel de la escuela
Al centrarse casi exclusivamente en los resultados académicos, la escuela pierde de vista otras misiones esenciales. Su papel no es sólo educar, sino también formar, socializar, ayudar a cada joven a convertirse en un ciudadano autónomo y responsable(5). Sin embargo, el desarrollo de las competencias sociales, afectivas y creativas se relega a menudo a un segundo plano. En una visión utilitarista y cortoplacista, las competencias blandas se consideran menos importantes que los llamados conocimientos fundamentales. Sin embargo, desempeñan un papel decisivo en el éxito académico, profesional y personal de un individuo(6).
Ampliar la noción de éxito: una necesidad
Tener en cuenta la diversidad de inteligencias y talentos
En lugar de valorar un único tipo de inteligencia, a saber, las capacidades lógico-matemáticas y lingüísticas, la escuela haría mejor en reconocer la pluralidad de formas de inteligencia y de talentos. Como ha demostrado Howard Gardner, cada individuo tiene un perfil único, con inteligencias más o menos desarrolladas: espacial, interpersonal, cinestésica, etc.(7) Poner de relieve esta diversidad, permitir que cada persona exprese y cultive sus talentos específicos, les ayuda a construir una imagen positiva de sí mismos y a encontrar su camino.
Dar sentido al aprendizaje vinculándolo a la vida real
Para implicar a los alumnos, es fundamental mostrarles cómo lo que aprenden en la escuela puede ayudarles a entender el mundo y a influir en él. Con demasiada frecuencia, el aprendizaje permanece desconectado de la vida real, encerrado en una burbuja escolar.
Al vincular más estrechamente las lecciones con los problemas de la vida real, y al aumentar el número de proyectos interdisciplinarios y asociaciones con agentes externos, ayudamos a los jóvenes a ver el significado y la utilidad de lo que están aprendiendo. Desarrollamos su capacidad de utilizar sus conocimientos para resolver problemas complejos.
Preparar a los jóvenes para los retos del siglo XXI
Nuestro mundo ultraconectado y en constante cambio exige competencias que van mucho más allá de los conocimientos académicos tradicionales(7). Para encajar en la sociedad y el mundo profesional del mañana, los jóvenes necesitarán creatividad, adaptabilidad, pensamiento crítico y habilidades interpersonales inteligentes. Tendrán que ser capaces de aprender durante toda su vida, de trabajar en modo colaborativo y de comprometerse en proyectos significativos. Estas competencias clave deben cultivarse y desarrollarse desde la escuela para preparar a los ciudadanos del mañana.
Desarrollar las habilidades socioemocionales
La importancia de la inteligencia emocional para el éxito y el bienestar
Los trabajos de Daniel Goleman y otros investigadores han demostrado el papel crucial que desempeña la inteligencia emocional en el éxito escolar y en la vida(8). Saber identificar y gestionar las emociones, mostrar empatía, cooperar en armonía y resolver los conflictos de forma pacífica: todas ellas son habilidades que fomentan el bienestar y la eficacia personal, y son altamente predictivas de la futura realización personal. Pero estas habilidades no son innatas, sino que pueden aprenderse y cultivarse, sobre todo a través de programas específicos.
Algunas iniciativas inspiradoras en las escuelas
Algunas escuelas son conscientes de estos problemas y están poniendo en marcha programas para desarrollar las habilidades socioemocionales de los alumnos. Círculos de conversación, talleres de comunicación no violenta, sesiones de meditación, juegos cooperativos: las iniciativas se multiplican, con efectos positivos sobre el clima escolar y el bienestar de los jóvenes.
En algunas escuelas, el desarrollo personal se está convirtiendo en parte integrante del plan de estudios, junto con las asignaturas tradicionales. Las habilidades interpersonales se explicitan, se trabajan regularmente y se valoran en las evaluaciones.
Herramientas para desarrollar estas habilidades
Hay muchas herramientas disponibles para ayudar a los profesores a cultivar la inteligencia emocional de sus alumnos: juegos de rol, talleres de escritura, soporte de vídeo, etc. La literatura infantil también ofrece magníficas oportunidades para explorar las emociones y las relaciones humanas.
Programas llave en mano como PATHS(9) ofrecen actividades secuenciadas y progresivas para desarrollar las habilidades intra e interpersonales. El reto consiste en integrar este aprendizaje socioemocional en el centro de la práctica del aula, de forma transversal y coherente.
Fomentar la creatividad y el pensamiento divergente
El mundo necesita mentes creativas e innovadoras
En un mundo complejo e incierto, en el que se acumulan los retos ecológicos, sociales y económicos, necesitamos más que nunca mentes creativas e innovadoras. Enfrentados a problemas sin precedentes, necesitamos ser capaces de imaginar nuevas soluciones, de pensar con originalidad. Sin embargo, nuestro sistema educativo, con sus planes de estudio estandarizados y su culto a la respuesta correcta, tiende a menudo a formatear las mentes en lugar de liberar su potencial creativo. A los alumnos se les enseña a aplicar procedimientos y a reproducir conocimientos, pero tienen pocas oportunidades de crear, inventar o dar rienda suelta a su imaginación.
Liberar la creatividad de los alumnos: algunas ideas
Sin embargo, todos los niños tienen capacidades creativas que no dudan en expresar si se les da la oportunidad(10). Algunas escuelas y profesores están transformando sus métodos de enseñanza para estimular la creatividad de los alumnos.
En el programa: actividades artísticas regulares, talleres de escritura creativa, tiempo dedicado a las pasiones personales... La idea es ofrecer a los jóvenes más oportunidades de crear y expresar su individualidad(11). Para ello también es necesario un entorno afectuoso en el aula, donde los errores se traten con respeto y se fomente la asunción de riesgos. Porque cuando nos sentimos seguros de nosotros mismos y nos atrevemos a aventurarnos por caminos secundarios, explorando lo desconocido, es cuando surgen las ideas innovadoras(12).
Evaluar de otro modo los proyectos creativos
Valorar la creatividad de los alumnos significa también replantearse la evaluación. En lugar de castigar los errores y las desviaciones de la norma, podemos premiar la originalidad, el atrevimiento y la perseverancia en los proyectos creativos. Algunos profesores están experimentando con tablas de evaluación innovadoras, en las que se califica la capacidad del alumno para generar ideas, la calidad de su trabajo y su enfoque reflexivo.
Otros implican a los alumnos en la elaboración de los criterios de evaluación, de modo que puedan desempeñar un papel activo en su propio progreso. La idea es valorar el proceso creativo, no sólo el producto acabado(13).
Cultivar el compromiso y la ciudadanía
Formar ciudadanos responsables y activos
Además de proporcionar instrucción, las escuelas tienen una misión de educación cívica: deben formar ciudadanos ilustrados, responsables y comprometidos con la vida de la comunidad. Esto significa conocer las instituciones y los valores democráticos, pero sobre todo ponerlos en práctica.
Los alumnos deben experimentar la ciudadanía en términos prácticos, participando en debates, proyectos de interés general y órganos representativos, a nivel escolar y fuera de él. Actuando por el bien común, implicándose en las causas que les afectan, se convertirán en ciudadanos activos y responsables(14).
Reconocer y valorar el compromiso de los estudiantes
Muchos jóvenes ya están implicados, a su nivel, en cuestiones sociales, medioambientales y humanitarias. Pero su participación es a menudo invisible, con escaso reconocimiento por parte de los centros escolares. Algunos centros han optado por reconocer el valor de la implicación de los estudiantes incluyéndola en sus planes de estudios y en sus evaluaciones(15).
En algunos liceos, los proyectos cívicos realizados fuera de la escuela pueden dar puntos para el bachillerato(16). También podría concederse un certificado de compromiso, equivalente a las competencias académicas. Este reconocimiento institucional transmitiría un fuerte mensaje: implicarse en causas es tan importante como sacar buenas notas.
Desarrollar las competencias democráticas y la convivencia
Pero el compromiso cívico no se decreta. Presupone competencias democráticas: saber expresar el propio punto de vista, escuchar y respetar el de los demás, gestionar pacíficamente los conflictos, participar en la toma de decisiones colectivas... Se trata de aptitudes y actitudes que pueden aprenderse desde una edad temprana, a través de la experiencia de la vida en grupo.
El aula es un magnífico campo de entrenamiento de las competencias cívicas y sociales, siempre que el profesor establezca un auténtico "clima democrático", basado en la co-construcción de normas, la libertad de expresión y la cultura de la cooperación. Medidas como los mensajes claros, los consejos de alumnos y la enseñanza cooperativa desarrollan la capacidad de escuchar, la empatía y el sentido de la responsabilidad. La ciudadanía activa se forja a diario.
Un modelo educativo
Reinventar un modelo educativo que, sin abandonar la transmisión de conocimientos, se preocupe más por el desarrollo integral y la realización del niño. Un modelo donde el rendimiento vaya de la mano de la creatividad y el compromiso, donde los alumnos puedan construir su identidad cultivando sus múltiples formas de inteligencia.
Esta aspiración no es utópica, como han demostrado muchas iniciativas prometedoras aquí y en otros lugares. Partir de las necesidades y talentos de cada alumno, proponerles retos estimulantes, implicarles en proyectos significativos: todas estas son palancas que pueden utilizarse para fomentar el placer de aprender y el deseo de progresar. Cuando la evaluación valora el éxito en lugar de penalizar las carencias, y cuando abarca un amplio abanico de competencias, todos pueden disfrutar de la gratificante experiencia del éxito académico.
Por supuesto, este cambio de paradigma no se producirá sin obstáculos y resistencias. Exigirá cambios fundamentales en la formación de los profesores, la organización de los estudios y la orientación. Significa convencer a los padres de un concepto más amplio del éxito, que vaya más allá de las clasificaciones y los diplomas. Es un proyecto a largo plazo, que requiere la movilización de todos los agentes implicados. Pero es mucho lo que está en juego: la salud y el futuro de nuestros jóvenes.
En un momento en que los retos ecológicos y sociales nunca han sido tan agudos, necesitamos ciudadanos realizados y creativos, armados con múltiples competencias para imaginar nuevas soluciones. Y esto empieza en la escuela. Necesitamos una educación que revele y desarrolle el potencial único de cada niño.
Referencias
1. Suprimir las notas en la escuela: "Sé lo estresantes que pueden ser las notas para los alumnos", dice Pierre Rondeau, [sin fecha]. [en línea]. Disponible en: https: //rmc.bfmtv.com/actualites/societe/supprimer-les-notes-a-l-ecole-je-sais-combien-la-note-est-un-pouvoir-stressant-pour-l-eleve-devoile-pierre-rondeau_VN-202411250603.html [consultado el 6 de diciembre de 2024].
5 MEKAHLIA, Abdelmounaim y BENHAMZA, Houria, 2023. El entorno escolar y su papel en la socialización.
Multilinguales [en línea]. 31 de diciembre de 2023. N° 20. DOI
10.4000/11px8. [Consultado el 6 de diciembre de 2024].
9 PATHS Program LLC: Social Emotional Learning Preschool-High School, [sin fecha].
Programa PATHS [en línea]. Disponible en:
https://shop.pathsprogram.com/ [Consultado el 6 de diciembre de 2024].
11 PUOZZO, Isabelle, 2013. Pedagogía de la creatividad: de la emoción al aprendizaje.
Educación y socialización. Les Cahiers du CERFEE [en línea]. 1 de octubre de 2013. N° 33. DOI
10.4000/edso.174. [Consultado el 6 de diciembre de 2024].
h
ttps:// journals.openedition.org/edso/174
12.SHANKLAND, Rebecca, BRESSOUD, Nicolas, TESSIER, Damien y GAY, Philippe, 2018. La benevolencia: ¿una competencia socioemocional del docente al servicio del bienestar y el aprendizaje?
Questions Vives. Recherches en éducation [en línea]. 26 de noviembre de 2018. N° 29. DOI
10.4000/questionsvives.3601. [Consultado el 6 de diciembre de 2024].
h
ttps:// journals.openedition.org/questionsvives/3601
15 Pour l'engagement citoyen des élèves - Réseau Canopé
h
ttps:// www.reseau-canope.fr/fileadmin/user_upload/Projets/Valeurs_de_la_republique/EC_Pour_lengagement_citoyen_des_eleves.pdf
Ver más artículos de este autor