En un entorno institucional, huelga decir que las iniciativas espontáneas rara vez son aceptadas, ya que implican el funcionamiento de un sistema complejo en equilibrio entre varios actores. Sin embargo, las iniciativas concertadas y planificadas son más a menudo bienvenidas e incluso buscadas por las instituciones dinámicas e innovadoras. ¿Cómo integrar este espíritu en el ADN institucional?
Tradicionalmente, en la escuela se valora el conformismo porque los métodos para alcanzar determinados objetivos están probados, pero nada impide tomar la iniciativa en cuanto a las formas de alcanzar o superar esos objetivos, especialmente con los que tienen menos éxito, o en la definición de nuevos objetivos; el "éxito" puede adoptar muchas formas. Valorar la asunción de riesgos asociada a la iniciativa exige un enfoque pedagógico más abierto a los errores y las desviaciones.
¿Y los profesores? Una de las condiciones esenciales para que sus iniciativas prosperen es contar con el apoyo de su dirección. Un equipo directivo dinámico crea una atmósfera en la que las iniciativas pueden desarrollarse y serán alentadas en lugar de obstaculizadas; esta apertura se basa en la confianza y la comunicación.
La creatividad surge cuando se adquieren suficientes puntos de referencia y habilidades. Si se empieza manejando un lápiz, se puede afirmar que se es capaz de dibujar algo más que garabatos. Tomar iniciativas que van más allá de las propias habilidades sólo suele conducir al desastre y al desánimo. El fracaso puede formar parte del aprendizaje, pero es más interesante progresar de forma controlada. Un profesor puede marcar el camino hacia el éxito de las iniciativas asegurándose de que dominan las habilidades y la organización necesarias para cada una de ellas. Una cosa es fomentar las iniciativas y otra muy distinta proporcionar los recursos para llevarlas a cabo.
Las buenas iniciativas
Denys Lamontagne - [email protected]
Ilustración: PixelAnarchy - Pixabay