A veces, nuestra necesidad de seguridad nos impide explorar cosas nuevas y preferimos evitar la aventura y mantenernos a salvo. Pero, ¿es esto realmente vivir?
No es necesariamente cierto que la seguridad sea lo contrario de la aventura. La verdadera cuestión no es si eliges vivir una dependencia o una aventura; lo importante es cómo la vives, siendo consciente de por qué la eliges y pudiendo cambiar tu elección.
¿Qué sentido tiene vivir una dependencia si te conviertes en su prisionero? ¿Puede ser la dependencia otra forma de aventura, siempre que haya una salida?
La seguridad: ¿refugio o prisión?
A veces, la necesidad de sentirse seguro es tan grande que deja de lado todo lo que hay que descubrir, todo lo nuevo. Huimos de lo desconocido simplemente para quedarnos con lo que ya conocemos y permanecer acurrucados en nuestra zona de confort en lugar de arriesgarnos a la aventura.
Entonces, ¿por qué elegir la dependencia? ¿Por miedo? La aventura implica incertidumbre; para muchas personas, no saber lo que les espera es más insoportable que quedarse en una situación conocida, por incómoda que sea. La dependencia, en cambio, ofrece un marco predecible. Sabemos qué esperar y esta previsibilidad nos tranquiliza profundamente.
A veces, nuestro pasado nos sirve de explicación. Alguien que ha vivido el caos o el sufrimiento puede recrear vínculos de dependencia sin darse cuenta. Esto no se debe a una falta de fuerza, sino al hecho de que es la única forma de estabilidad que ha aprendido.
También existe la trampa del control. A veces elegimos depender de algo para sentir que podemos gestionar mejor nuestras vidas. Reducimos los riesgos y evitamos lo inesperado para tranquilizarnos. Creemos que tenemos el control, pero en realidad sólo estamos huyendo de la realidad.
La libertad puede definirse como la ausencia de límites. Sin embargo, a menudo optamos por apegarnos a una rutina, una persona o una institución, no por debilidad, sino porque estos lazos nos tranquilizan en un mundo incierto.
El filósofo Erich Fromm abordó este tema en su obra "El miedo a la libertad ". Observó que la libertad puede provocar una gran ansiedad. Ante demasiadas opciones, a veces preferimos renunciar a decidir, sometiéndonos a una autoridad o a un marco preciso. Es una forma de huir del miedo a tener que construir la propia vida en solitario. Sin embargo, esto no significa que nos falte valor, sino que es una reacción humana ante lo desconocido.
Libertad y sumisión: ¿se pueden tener ambas?
Ser libre significa asumir la responsabilidad de las propias decisiones. Esto es agotador y a veces paralizante. La dependencia alivia esta carga delegando parte de las decisiones en otra persona o cosa.
Si la libertad nos asusta, ¿qué buscamos realmente? ¿Un marco tranquilizador para no tener que tomar decisiones por nuestra cuenta? Pero cuando deseamos tanto la seguridad, acabamos encerrándonos sin darnos cuenta. Si otro decide por nosotros, ¿somos realmente libres?
Pongamos dos ejemplos.
- Primero, la religión. Proporciona respuestas y sentido. Pero cuando obedecemos sin pensar, ya no elegimos realmente. Y eso se reduce a lo mismo que el trabajo.
- Al empleo. ¿Cuántas personas permanecen en un empleo que les asfixia, simplemente porque la jerarquía decide y el marco es tranquilizador? Olvidamos que podemos elegir en relación con las estructuras y lo impuesto. Así que delegamos nuestras elecciones en una jerarquía o en un sistema.
En ambos casos, cambiamos nuestra libertad por seguridad.
Jean-Paul Sartre llamaba a esto "mala fe". Decía que fingimos no tener elección para evitar ser responsables. Sin embargo, para él, estamos "condenados a ser libres". Incluso cuando no hacemos nada u obedecemos, seguimos tomando una decisión. Podemos aceptarla o escondernos de ella, pero seguimos siendo responsables. Así que incluso la sumisión es una elección. La verdadera libertad reside en comprender por qué aceptamos estas relaciones en lugar de someternos a ellas.
Creemos que elegimos la seguridad. Pero, ¿y si es la dependencia la que nos elige a nosotros?
A veces no sabemos si hemos elegido una situación o la estamos sufriendo. La línea es difusa. El experimento de Stanford lo demuestra claramente. Los estudiantes hicieron de guardias y prisioneros. Rápidamente se perdieron en sus papeles. El experimento se hizo tan real que hubo que pararlo todo. Los "prisioneros" no estaban atados, pero actuaban como esclavos. Eran sumisos simplemente por el escenario y la mirada de los demás.
Es una lección impresionante. Puedes encerrarte sin querer. Acabas olvidando que puedes salir o decir que no. La dependencia más llamativa entonces no es la que se sufre, sino la que ya no se ve.
Dependencia y aventura no son enemigos: sólo han sido tergiversados.
No se trata de elegir entre las dos. Lo importante es comprender por qué vamos en tal o cual dirección. Lo importante es seguir siendo consciente de tus decisiones y conservar la libertad de abandonarlas si lo deseas. En el amor, por ejemplo, cuando uno se compromete, admite que necesita a la otra persona y le hace un hueco. También aceptamos nuestra propia fragilidad mostrándonos vulnerables.
Podrías pensar que esto te impide vivir aventuras, pero puede ocurrir lo contrario. Una relación sincera se convierte en una magnífica aventura. Lo que lo transforma todo es el hecho de quedarse por elección y no por miedo. Dos personas pueden experimentar lo mismo. Una se sentirá atrapada, la otra se sentirá como en casa. Todo depende de cómo vivas tu vida.
El psicólogo John Bowlby lo explica muy bien. Para él, necesitar a los demás no es una debilidad, sino todo lo contrario. Formuló la "teoría del apego " como una necesidad natural. Nuestra sensación de seguridad interior marca la diferencia. Una persona segura de sí misma puede amar apasionadamente sin olvidarse de sí misma. Eligen comprometerse con el corazón, sin miedo a olvidarse de sí mismas. Se quedan porque quieren, no por miedo a la soledad. Su deseo la retiene, no su miedo al vacío. Simplemente es libre de amar. Se queda por elección.
Dos personas pueden experimentar el mismo amor, y una puede sentirse asfixiada, mientras que la otra por fin se siente en casa. El problema no reside necesariamente en la pareja en sí. La diferencia radica en la libertad que se asume. Todo cambia cuando sabes que te quedas porque quieres, no porque tienes que hacerlo. Así es como se transforma una carga en un hogar.
La dependencia como forma de aventura en sí misma... siempre que haya una salida.
La verdadera libertad no significa escapar de todas las ataduras. Se trata de entender por qué las elegimos. ¿Qué sentido tiene comprometerse con algo si uno no puede encontrarle sentido, o incluso perderse en ello?
No es necesariamente el vínculo lo que te asfixia, sino el hecho de que no seas consciente de él y no puedas elegir cuando lo necesitas.
La naturaleza de la libertad no consiste en liberarnos de todas las dependencias, sino en ser conscientes de cuándo y por qué las aceptamos y, si cambiamos de opinión, poder desprendernos de ellas. La dependencia consentida y consciente también es una forma de aventura.
Ilustración: Magnific - 122524329
Referencias
Fuga de la libertad - Erich Fromm - https://fr.wikipedia.org/wiki/La_Peur_de_la_libert%C3%A9
https://www.goodreads.com/book/show/25491.Escape_from_Freedom
El ser y la nada - Ensayo de ontología fenomenológica - Jean-Paul Sartre
https://www.philotextes.info/spip/IMG/pdf/l_etre_et_le_neant_tel_gallimard.pdf
Experimento Stanford - https://fr.wikipedia.org/wiki/Exp%C3%A9rience_de_Stanford
Teoría del apego - https://fr.wikipedia.org/wiki/Th%C3%A9orie_de_l'attachment
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