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Publicado el 17 de mayo de 2010 Actualizado el 07 de febrero de 2024

Crear un sentimiento de pertenencia

Hacer grandes cosas juntos y querer hacer más.

Lo que crea o induce un sentimiento de pertenencia puede adoptar muchas formas, pero la esencia puede resumirse en esta sencilla cita, el secreto del zorro para el Principito:

"Es el tiempo que has perdido con tu rosa lo que hace que tu rosa sea tan importante".

Evidentemente, puesto que es la que él eligió, protegida, es a la que mató sus orugas (salvo dos o tres para las mariposas). Es a ella a quien escuchó quejarse, o jactarse, o incluso a veces callarse...

Aplicado al mundo en general y, por extensión, a Internet, encontramos el sentimiento de pertenencia a la escuela, la familia, el barrio, el club, el sitio, la comunidad, etc. en la medida en que nos hemos invertido sin calcular, sin ninguna idea de beneficio o ventaja contable (que podamos contar). En este sentido, el tiempo "perdido" por el Principito es una buena descripción; no contaba.

¿El uso de Wikipedia o de Internet desarrolla nuestro sentido de pertenencia a Wikipedia o a Internet? Aparentemente muy poco. ¿El uso de Facebook aumenta nuestro sentimiento de pertenencia a Facebook? No mucho. Pero conectarte a él y cuidar de tus amigos a través de Facebook sí te da un sentimiento de pertenencia a nuestro grupo, que se construye en proporción a tus contribuciones.

La pertenencia incluye un elemento no contable de atención, escucha, afectividad y relevancia para los demás: la atención que prestamos es el vínculo que mantiene unidas las partes que pertenecen. Puede que sea un regalo, pero es un regalo que se aprecia y se valora, bien dado y bien recibido; "hay un poco de nosotros ahí dentro".

Inducir a la apropiación

Tomando el punto de vista de un inmigrante, nos damos cuenta de la importancia de la cualidad de aceptación oficial, reconocida, en el desarrollo de la pertenencia: desde el momento en que aceptamos la contribución del Otro, el sentimiento de pertenencia en el Otro se hace posible.

Así pues, hay dos elementos que pueden utilizarse tanto en la educación como en los sitios web educativos para desarrollar el sentimiento de pertenencia: las oportunidades válidas de contribuir y las oportunidades reales de reconocer las contribuciones. El reconocimiento es el motor de la motivación en el aprendizaje o en el trabajo. Si no muestras reconocimiento, no puedes esperar que tus críticas sean recibidas, y no puedes esperar recibir contribuciones de tus alumnos o colegas.

Si alguien añade un comentario, eso ya es una forma de reconocimiento; si los demás también aprecian el comentario, eso es reconocimiento para el comentarista.

A nivel de una clase, de una escuela, de los padres, de una localidad, de una región, el sentimiento de pertenencia se extiende hasta proporciones a veces delirantes, con regiones enteras que se unen en torno a un campeón, una estrella, un genio de su comunidad. La hazaña, el trabajo, el valioso don de uno es reconocido y apreciado por los demás. Los demás desarrollan un sentimiento de pertenencia. ¿Qué decir de su autor o de su obra?

Aparentemente, cuanto mayor es el alcance, la variedad, la originalidad y el número de oportunidades de contribuir, mayor es el potencial de reconocimiento y pertenencia. No sólo aceptamos contribuciones monetarias.

Signos de reconocimiento

Podemos reconocer lo que nos pertenece. El desarrollo de signos de reconocimiento - eslogan, canción temática, pancarta, camiseta, anillo, escudo, trofeo, etc. - siempre ha formado parte de los ingredientes de un sentimiento de pertenencia... Eso es todo lo que algunos recuerdan, pero es mejor que nada...

¿Y los excluidos?

La eventual integración de los excluidos depende tanto de su capacidad de contribución, que poseen en diversos grados, como de la capacidad de su comunidad para aceptar sus aportaciones.

El reconocimiento de una contribución mediocre suena a vacío, y es una vergüenza ser falsamente reconocido. Quedan dos vías: desarrollar las competencias y crear un entorno o un contexto capaz de aceptar o valorizar las contribuciones.

Los jardines de infancia y las residencias de ancianos son ejemplos de ello; otros ejemplos son las tablas clasificatorias, el reconocimiento social de los esfuerzos notables o los días especiales.

La idea es siempre poder contribuir, aceptar contribuciones y nuevas formas de contribución.

Y estas personas excluidas, tanto por su número como por el alcance de su soledad, son sin duda el mejor barómetro de nuestra humanidad o deshumanización. En educación, hablamos tanto de los excluidos de la escuela como de los sitios de Internet que les permitirían aprender.

Algunas referencias sobre la pertenencia en acción:

"Lo que constituye una nación no es hablar la misma lengua o pertenecer a un grupo etnográfico común, sino haber hecho grandes cosas juntos en el pasado y querer hacer más en el futuro.

[Ernest Renan]


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