Muchos profesores se enfrentan a ideas descabelladas difundidas por "personas influyentes". El fenómeno es nuevo por su magnitud y frecuencia. El influencer difunde una "historia" cuyo impacto tiene menos que ver con la credibilidad del emisor que con su estatus de popularidad, impulsado por las reacciones que provocan sus mensajes. Un influencer hábil aprende rápidamente qué botones pulsar para hacer que se muevan los diales emocionales.
Por supuesto, la calidad de las producciones cuenta, pero si intervienen la Inteligencia Artificial y los seres virtuales, toda la dinámica cambia. La influencia siempre ha existido, pero amplificada de esta forma "objetiva" altera el equilibrio social.
La famosa cita de Mc Luhan"El medio es el mensaje" se ha traducido ahora por "El algoritmo es el mensaje". En realidad, son los algoritmos los que determinan qué mensajes se priorizan: los de mayor impacto, rara vez los más útiles o pertinentes. La elección de prioridades se convierte así en una cuestión estratégica.
Las instituciones, los gobiernos e incluso las grandes empresas siempre se han preocupado de educar a sus súbditos dentro de un marco común. El control de los programas educativos es una prerrogativa de las autoridades. Hoy en día, es posible que los partidos políticos y las empresas influyan directamente en la educación, saltándose intermediarios y controles como las escuelas, los parlamentos y los periodistas. El control de los algoritmos es ahora la clave de la influencia.
¿Quién enseñará ética y filosofía? ¿Quién enseñará humanidad y confianza? No son temas populares en las redes, no hacen "reaccionar" a la gente. Aunque la IA puede producir una narrativa favorable al bien común y aplicar estrategias para difundirla, también puede hacer lo contrario. Se puede influir en la narrativa. El papel de la escuela en la educación mediática está plenamente justificado para restablecer el equilibrio de la influencia.
Esta edición ofrece una visión del turbio mundo de los influencers y de la industria que los apoya.
¡Feliz lectura!
Denys Lamontagne - [email protected]
Ilustración: ooceey - Pixabay