Nos gusta que nos reconozcan. Tener prestigio parece no tener más que ventajas, siempre que sepamos gestionar el interés que despertamos. Muchos personajes públicos, aunque disfrutan de la comodidad económica y social que aporta el reconocimiento, aprecian menos tener que estar siempre a la altura de su imagen y de sus exigencias.
Muchos prefieren pasar desapercibidos, alejados de los medios de comunicación; así preservan su negocio. Esto no afecta a su autoestima, que se basa en sus logros más que en su imagen. No tener 1.000 amigos en FB no significa que no tengas valor, ni que tu imagen no sea importante, sino que se trata de adaptarla a lo que quieres ser, hacer o tener y no al revés.
En la enseñanza, el prestigio de algunos profesores les permite ser más exigentes con sus alumnos. A veces hay una delgada línea entre la confianza y la tentación de abusar de ella, como en el caso de estos profesores ultrapopulares, para quienes la enseñanza está teñida de una puesta en escena más o menos pedagógica.
El filósofo Cioran escribió: "He conocido todas las formas de decadencia, incluido el éxito", como si el reconocimiento público le distrajera de su trabajo, le corrompiera y le impidiera ser él mismo. Muchos directivos y empresarios pensarán lo mismo: ocuparse de las relaciones públicas más que de su propio negocio no es necesariamente su actividad favorita.
A la inversa, algunas profesiones gozan de muy poco reconocimiento y están desprestigiadas; trabajar en ellas exige compensar esta carencia por otros medios, como las relaciones sociales, la formación y el apoyo. Las instituciones y profesiones que pierden prestigio trabajan para destacar positivamente al menos en un aspecto, lo que se convertirá en la base de la eventual mejora de su imagen pública.
Aunque el prestigio de la profesión docente no sea lo que era, la educación sigue siendo la mejor respuesta a los retos que tenemos por delante: con competencias, conocimientos y conciencia, podemos forjarnos un futuro digno. El prestigio de los profesores no reside tanto en lo que saben como en lo que son capaces de hacer: educar y formar a personas capaces al máximo de sus capacidades.
Denys Lamontagne - [email protected]
Ilustración: Estatua de Albert Einstein - joaquincorbalan - DepositiPhotos