Publicado el 13 de marzo de 2024Actualizado el 13 de marzo de 2024
¿Qué hace que a la gente no le guste la comida?
Las sutilezas de las culturas alimentarias mundiales
Todos conocemos alimentos que nos provocan una fuerte reacción fisiológica. La mueca de asco es universal y demuestra claramente el rechazo de nuestro cuerpo a los alimentos percibidos como una amenaza, ya sea una verdura concreta, la idea de comer insectos o despojos de animales.
Pero, ¿cómo se puede explicar esto científicamente? En primer lugar, hay que distinguir entre lo que nos resulta repulsivo por fuera sin probarlo y aquello cuya presencia en nuestra boca nos hace estremecernos.
Los anglófonos distinguen claramente entre "disgust" y "aversión"; en francés no existe una expresión tan precisa, por lo que podemos hablar de aversión y dégoût. Por poner un ejemplo, si ofreciéramos a la gente un plato compuesto de despojos sin decirles nunca de qué se trata ni que les recuerda a su aspecto visual, es muy probable que la mayoría lo comiera sin que le disgustara. En cambio, los alimentos con un fuerte amargor pueden, aunque parezcan apetitosos, crear repugnancia.
También puede ser una cuestión genética. Algunas personas son demasiado sensibles a los aldehídos del cilantro, que se utiliza en jabonería para perfumar, y por eso lo asocian con el jabón. Pero también es una cuestión social. Venimos de un pueblo con gustos alimentarios diferentes. A los mexicanos nos educan para comer insectos, mientras que a los franceses les gustan los lácteos. Por eso, quienes prueban un nuevo plato o comida en el extranjero suelen describirlo en términos familiares a sus amigos y familiares para que puedan relacionarlo con sabores conocidos.
Siempre hemos creado con lo que teníamos a mano. Desde dibujar piedras en las cuevas hasta programas de creación en 3D en nuestros ordenadores, siempre hemos podido expresar nuestro lado artístico con estas herramientas. A medida que la realidad virtual se va imponiendo, el mundo artístico ya ha empezado a adoptarla. Ya se trate de artistas plásticos o de la industria cinematográfica, la inmersión total en una obra de arte ya no parece una idea sacada de la ciencia ficción.
Por qué la lectura ha cambiado y está cambiando nuestra forma de ver el mundo, pasando de la atención a la intención. Internet ha digitalizado todo el ecosistema de nuestros pensamientos: desde su aparición hasta su difusión y efectos. Pensamos a trozos.
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Por supuesto, la elaboración de un curso a distancia en un contexto normal no tiene nada que ver con lo que se hace en una emergencia. Así que, en estas circunstancias, ¿cómo debemos pensar en el guion educativo, o más bien qué criterios debemos utilizar en la medida de lo posible en esta situación de emergencia para proponer lo aceptable? ¿Hay alguien detrás de la pantalla?