No tenemos párpados para los oídos: oímos todo el tiempo, desde el vientre de nuestra madre y desde la noche de los tiempos. Nuestra respuesta al sonido está íntimamente entretejida en nuestro ADN. El sonido nos acuna, nos informa, nos alerta y nos tranquiliza. Las vibraciones sonoras se propagan y forman paisajes dinámicos muy diferentes de los visuales, pero igual de interesantes. Algunos artistas incluso producen obras sonoras del mismo modo que otros producen cuadros.
La transmisión del sonido, su comportamiento y sus efectos son un tema muy rico en la ciencia y afectan a casi todos los campos de actividad. La audición es uno de nuestros sentidos primordiales, nuestras capacidades mentales se movilizan para la interpretación del sonido y también para su producción a través del habla o la música, nuestra salud y moral se ven afectadas por el ruido... El número de profesionales relacionados con el sonido es asombroso: acústicos, logopedas, músicos, audiólogos, pero también matemáticos, informáticos, ingenieros, terapeutas y técnicos de todas las disciplinas. Aún nos queda mucho por comprender sobre el sonido.
Reconocemos a los animales por sus gritos y hemos descubierto que hasta los peces emiten sonidos. Mejor aún, algunos animales cantan: pájaros, ballenas... la fábula dice que las cigarras también. Un concierto de sapos por la noche puede hechizar a los que llegan tarde.
Aunque el sonido también es testigo de las interacciones, actualmente revela que las nuestras no son muy eficaces: hacemos demasiado ruido y perturbamos nuestro entorno hasta límites nunca vistos. Los océanos son ruidosos, las ciudades, el campo y los bosques también, y el subsuelo vibra con nuestras actividades: construcción, transporte, perforaciones, etc. Incluso las regiones más remotas se ven afectadas por el ruido de las máquinas voladoras, flotantes y de otro tipo que las frecuentan.
Sin embargo, no es tan difícil hacerlo mejor, empezando por nuestras escuelas y otros lugares de aprendizaje. Las bibliotecas tienen fama de ser lugares silenciosos, ¡y debe de haber una buena razón para ello!
Denys Lamontagne - [email protected]
Ilustración: Jizo - DepositPhotos