Temáticas de la semana

Una economía coherente

En economía, el equilibrio entre "ganar más dinero" y "no matar a la gallina de los huevos de oro" no es fácil de encontrar, como tampoco lo es entre la satisfacción individual y la ambición personal, o entre la ética y la conveniencia. La abundancia, la equidad y la felicidad se enfrentan a los impulsos de poder, el egoísmo y el miedo a la escasez, todo ello en la perspectiva del crecimiento infinito.

Sin embargo, está bastante claro que el crecimiento infinito en un planeta finito es insostenible y que la explotación desenfrenada de las masas o del medio ambiente en beneficio de una minoría conduce sistemáticamente al colapso de todo el sistema. En la historia de la humanidad, todas las revueltas campesinas han acabado mal, para todos. Civilizaciones enteras han desaparecido porque fueron incapaces de preservar el equilibrio ecológico.

El pensamiento económico moderno, dividido durante mucho tiempo entre capitalismo, socialismo y comunismo, se desplaza progresivamente hacia un pensamiento puramente materialista y numérico, que encuentra la manera de incluir prácticamente todas las actividades en su lógica, incluido el medio ambiente.

Aunque las filosofías sean muy diferentes entre el sector público y el privado, la importancia económica de los distintos sectores en términos de capital y gastos es muy complementaria: los impuestos que gravan la actividad económica se reinvierten en infraestructuras, educación, sanidad, investigación y muchos otros ámbitos que benefician a cambio a la economía. Podemos pedir que una carretera o una escuela primaria sean rentables, pero es más sencillo y eficaz explotarlas sin atribuirles un valor monetario directo. Este principio puede extenderse también al transporte público o a la sanidad básica.

Los gobiernos no están obligados a ganar dinero, sino a garantizar el bienestar y el buen funcionamiento de la sociedad. Su papel como reguladores es vital para limitar los excesos del sistema económico. Los principios en los que se basan determinan tanto la prosperidad de las naciones como la equidad del reparto. La educación está en primera línea en este sentido.

Denys Lamontagne - [email protected]

Ilustración: k3studija - DepositPhotos

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