Para la mayoría de las personas, la familia es un punto de referencia fundamental, una fuente de confianza y estabilidad. Sin embargo, para muchas personas también puede ser una bola y una cadena o incluso un agujero enorme: una carencia que compensan con mayor o menor éxito. En todos los casos, desde la infancia hasta la edad adulta, las personas nos han ayudado, obstaculizado o ignorado en nuestro camino hacia la independencia. Los profesores suelen ser elegidos por los alumnos como mentores, como puntos de apoyo que no necesariamente encuentran en casa.
Demasiado apoyo puede tener el efecto contrario al que se supone que debe aportar la ayuda: unos padres demasiado controladores, demasiado miedosos o demasiado helicópteros no proporcionan realmente un entorno favorable para la experimentación y el desarrollo de la autonomía. La ayuda no solicitada, aunque sea benévola, tiene pocos efectos positivos. Por el contrario, los niños ingeniosos suelen ser apreciados y están mejor preparados para la vida en sociedad. Los padres capaces de dejar claro que no siempre estarán ahí para todo son un incentivo para crecer. No intervenir no siempre es fácil, sobre todo cuando ves a tu hijo luchar con dificultades que tú mismo has experimentado.
Los mejores padres no son perfectos, sobre todo a los ojos de sus hijos, pero los peores padres no son necesariamente los que cuidan mal de sus hijos, sino los que no los cuidan en absoluto siendo responsables de ellos. El niño ni siquiera puede sustituirlos. Por lo general, un profesor prefiere tratar con padres incómodos antes que con las autoridades de protección de menores.
La familia no son sólo los padres: también son los hermanos y hermanas, los tíos y tías, los primos y los abuelos. Nuestra posición dentro de la familia, ya seamos los más jóvenes, los mayores o una posición intermedia, determina algunas de nuestras responsabilidades, nuestra mentalidad y nuestro camino. Las constelaciones familiares ejercen muchas influencias... y también pueden ser buenos temas para novelas.
Los padres controlan los progresos de sus hijos, se aseguran de que lo que se hace es adecuado, de que sus hijos participan e intervienen cuando es necesario. Hasta qué punto los padres entran en la ecuación educativa será siempre objeto de debate; lo que es seguro es que no se les puede ignorar. Los lazos familiares persisten y, sea cual sea nuestra historia, no nos dejan indiferentes.
Apreciémoslos.
Denys Lamontagne - [email protected]