La intervención en ecología es un arte delicado porque, sin una buena comprensión de las interacciones, podemos sorprendernos de los resultados obtenidos, a veces beneficiosos, a menudo dispares. Respetar los ritmos y los equilibrios rara vez forma parte de los cálculos de los políticos o los ingenieros, por no hablar de los inversores.
En el tema de la ecología hay para todos los gustos: alarmistas, negacionistas, fatalistas, científicos, realistas, fumadores, aprovechados, visionarios, desilusionados... Al final, todos ellos se reunirán con los pies en el agua o en la misma habitación con aire acondicionado, y podrán refunfuñar sobre su pérdida de comodidades y privilegios. Políticas caras como los coches eléctricos y la captura de CO2 atmosférico están en consonancia con nuestros patrones de funcionamiento y consumo, pero no nos llevarán a ninguna parte. Atraer votos e inversiones no se hace con el vinagre de la frugalidad.
Uno de los aspectos fascinantes de la situación actual es que, aun sabiendo desde hace décadas que nuestro modelo de desarrollo es insostenible, seguimos a grandes rasgos en la misma línea. El consumo de combustibles fósiles sigue aumentando y la pérdida de biodiversidad sigue empeorando, y estos son sólo dos parámetros. Un niño de 10 años puede entenderlo fácilmente... podemos deducir de ello que el ente social aún no ha alcanzado la edad de la razón, incapaz de reconocer el vínculo entre sus acciones y las consecuencias de las mismas. Quienes manipulan a la población para mantenerse en el poder no saben aceptar este tipo de responsabilidad.
¿Cómo llegar a algún tipo de acuerdo, al menos sobre lo que es importante, sobre unos pocos hechos, sobre unos pocos objetivos a perseguir, con soluciones flexibles? En ecología no hay soluciones sencillas.
Pensamos que estamos solos, cuando hay muchos agentes del equilibrio, microorganismos, insectos, animales y plantas que pueden ponerse a trabajar en lugar de ser descuidados, ignorados y sus entornos expoliados o destruidos. El equilibrio ecológico se consigue con entidades vivas, no con máquinas. ¿Es tan difícil de entender?
En 1927 éramos dos mil millones en la Tierra, ahora somos ocho, camino de ser nueve. Las soluciones para restablecer el equilibrio ecológico son necesariamente múltiples y complejas. Tenemos más conocimientos y más recursos que nunca en la historia, y podemos movilizarlos de nuevas maneras. La educación en ecología y medio ambiente es mucho más importante de lo que pensamos; es el principio del cambio.
Denys Lamontagne - [email protected]
Ilustración: Dimitris Vetsikas en Pixabay