¿Cuánto esfuerzo dedicamos a preservar nuestra integridad? Todos los organismos sanos se defienden de las agresiones externas, tanto biológica como socialmente. Si las defensas biológicas del cerebro figuran entre las más eficaces del cuerpo humano, los responsables informáticos tienen comparativamente el mismo cuidado en defender sus sistemas. En su ámbito, no hacerlo es sencillamente suicida. Bibliotecas, centros de investigación, escuelas, hospitales, empresas, pero también bancos, policía y ejército... todos se preocupan por la seguridad de sus miembros, sus datos y sus equipos. Su propio funcionamiento depende de ello.
En la Edad Media, no era raro que más del 70% de los presupuestos se dedicaran a la defensa. Hoy en día, las ventajas que ofrece un ejército nacional móvil permiten reducir la carga a nivel individual. El esfuerzo de defensa también está vinculado a la prosperidad. No hay necesidad de defender una tierra árida donde no hay nada que codiciar, pero una región y una organización prósperas merecen ser defendidas. Si el esfuerzo de conquista parece ventajoso para un vecino, este atractivo debe compensarse con una defensa adecuada. La disuasión sólo funciona cuando es creíble, por eso es importante mantener nuestras relaciones e instituciones para poder hacer frente a los poderosos, ya sean individuos o naciones.
La libertad académica y la libertad de expresión forman parte de nuestra realidad en la medida en que estemos dispuestos a defender estos principios con la fuerza física, jurídica y moral necesaria. Más allá de los principios, la lucha contra la corrupción forma parte de las estrategias de defensa de toda administración sana.
A todos los niveles, se dedica un cierto esfuerzo a la defensa. ¿Cuál es la óptima? ¿Cuáles son las mejores estrategias de defensa según el ámbito y el contexto? Queremos un buen Ministro de Educación a la hora de fijar las prioridades presupuestarias. Los déspotas sólo pueden gobernar sobre ignorantes fáciles de aturdir. Mejor mantenerse alerta y capaz.
Denys Lamontagne - [email protected]
Ilustración: Ramon Perucho - Pixabay