Viajar, vagabundear o nomadear
Tres maneras de habitar el movimiento. Mientras que un camino establecido ofrece una seguridad a menudo heredada o sufrida, puede quebrarse ante los azares de la vida, forzando nuevas trayectorias. El vagabundeo, por su parte, es una forma pasiva y a veces alienante de deambular, en la que el individuo se deja llevar por el flujo de la vida sin ningún objetivo preciso en mente. Con el nomadismo surge una tercera vía: una postura que favorece el ritmo y la armonía con el entorno.