Nuestros modelos organizativos tienden a reproducirse a diferentes escalas, y el sistema escolar es un buen ejemplo. Una institución se organiza para gestionar su flujo y reflujo. Cuando alcanza un límite de capacidad, ya sea de espacio, energía o tiempo, tiene dos opciones: crecer o dividirse. Cuando ya no puede crecer, se divide, y entonces una responsabilidad de coordinación pasa a una escala superior.
Muchas universidades y escuelas superiores crean sucursales como subsistemas. Las limitaciones de espacio, la distancia que hay que recorrer o el volumen de trabajo que hay que gestionar en un tiempo determinado suelen señalar la necesidad de una nueva unidad. Todas tienen su propio sistema de gestión, recursos humanos, comunicaciones, etc. a la escala adecuada. La unidad superior de coordinación comparte las mismas directrices generales, pero deja el ajuste de las operaciones al nivel local.
La organización también se aplica al mundo intelectual. Cuando uno empieza a aprender o descubrir un tema, empieza por los principios generales. Luego, a medida que se profundiza en él, el tema se ramifica hasta un punto en el que hay que especializarse porque se ha superado la capacidad de tratamiento personal. En un grupo, el tema se aborda de forma más amplia, tanto por el mayor número de competencias como por la capacidad de procesamiento y la organización. Una disciplina como la informática está fragmentada en varias áreas y, sin embargo, sigue siendo coherente. El brócoli de la informática se ha hecho enorme. Se puede tomar cualquier disciplina y observar el mismo fenómeno.
Cuando se alcanza un límite, fragmentamos y añadimos un nivel superior de organización. Cuando aprendemos, organizamos nuestros conocimientos para poder integrarlos cada vez más. Superamos los límites organizándonos a otra escala. La organización es una capacidad de la vida para ir más allá de los límites materiales. Somos organismos tan poderosos como organizadas están nuestras células. Una sociedad es tan fuerte como organizados estén sus miembros.
En el siglo XXI, la organización de la tradición industrial está siendo sustituida por otro modelo, más orgánico, pero que sigue debatiéndose entre varias tendencias. La escuela está en primera línea de estas transformaciones, sus jóvenes están interconectados, vigilados, sometidos a todas las influencias. También están aprendiendo a organizarse.
Denys Lamontagne - [email protected]
Ilustración - Pixabay Evgeni Tcherkasski