Cuentistas, actores, fiesteros, chamanes, estafadores, espías, terapeutas e incluso profesores utilizan máscaras para evocar una actitud o personalidad que sirva a su propósito.
Disfrazarse para jugar, para imaginar, para establecer relaciones diferentes y también para engañar; para engañar los prejuicios, para engañar la confianza o por el contrario para crearla cuando estaba bloqueada. En muchos casos, no ser reconocido te libera del juicio de los demás. Adoptar otra forma nos anima a asumir otra personalidad, a hacer otros gestos. Si tuviéramos otro cuerpo, la vida sería inevitablemente diferente; la máscara nos acerca a ello.
Una de las propiedades de una máscara es que puedes cambiarla o abandonarla; sin embargo, algunas personas se pasan la vida detrás de una máscara de conformidad, su entorno no aceptaría otra cosa que asumieran, a menudo con razón. En algunos círculos, no es buena idea decir la verdad o actuar como a uno le gustaría. Deshacerse de una máscara impuesta puede provocar una intensa liberación emocional.
Soy un aventurero, soy una libélula, soy Caperucita Roja o el Lobo, soy un piloto de F1, soy Sócrates, soy Chase (Patrulla), soy una estrella del rock... en definitiva, puedo jugar a adoptar el espacio y la actitud de quien me atreva. Las máscaras son reveladoras, tanto por lo que decides personificar como por lo que evitas.
Thot te lleva de viaje al mundo de las máscaras y los juegos de rol.
Denys Lamontagne - [email protected]
Ilustración: Pixabay