No hay por qué esperar a que todo esté definido al detalle antes de predecir lo que va a ocurrir... Puede haber un imprevisto, pero la mayoría de las veces lo que va a ocurrir se anuncia con antelación y...
- o no nos damos cuenta de nada y la conclusión seguirá siendo inexorable;
- o nos damos cuenta y no hacemos nada, en cuyo caso sólo tenemos la culpa;
- o hacemos algo al respecto y lo que cambiamos:
- 1- no tiene ningún efecto,
- 2- tiene un efecto positivo
- 3- tiene un efecto negativo.
En el peor de los casos, al menos habremos aprendido algo.
Por eso la peor respuesta es no hacer nada, porque no sólo no habremos aprendido nada, sino que nuestra autoestima estará por los suelos, porque lo sabíamos y no hicimos nada. ¿Quizás no nos atrevimos a pedir ayuda? ¿Quizás no sabíamos que existía la ayuda o considerábamos que pedir ayuda era una deshonra? Pedir ayuda es, como mínimo, una forma de reconocimiento de nuestra condición. Algo habremos hecho.
En un contexto educativo, los profesores se dan cuenta enseguida de quién empieza con buen pie y quién va camino de tener problemas. Puede que quieran esforzarse más por sus alumnos, pero no pueden aprender por ellos. Tampoco puede hacerlo una IA. Son ellos los que tienen que aprender y trabajar para adquirir conocimientos. El profesor puede preparar el terreno, cambiar sus métodos, distribuir las tareas de forma diferente, hacer que el alumno haga algo y aprender de sus acciones, pero es el alumno quien debe ponerse en marcha, de lo contrario sus capacidades, su confianza y su autoestima no cambiarán.
La integración de la Inteligencia Artificial en la enseñanza sugiere grandes cambios. Puedes dejarte llevar, despreocupado. También puedes leer las tendencias y tomar conciencia de lo que se avecina. Responder a ellas tiene que ver con evolucionar y asumir responsabilidades. Ampliar tus puntos de vista, extender tu alcance, alcanzar tus objetivos.
Disfrute de la lectura
Denys Lamontagne - [email protected]