Quien quiera entrar en una escuela ahora tiene que mostrar sus credenciales la mayoría de las veces. Si no es profesor ni alumno, el control será un poco más estricto, pero en cualquier caso se le identificará y la mayoría de las veces se le filmará. La situación no es tan diferente en las empresas de hoy; si no te reconoces, al menos puedes ser identificado. Esto dista mucho de la escuela del pueblo, donde se reconocía a todo el mundo.
Se podría pensar que así lo quieren los tiempos, pero las razones son un poco más concretas: el tamaño de los centros escolares suele superar los 1.000 alumnos y resulta humanamente difícil en recepción reconocer a cada individuo; a esto se añade la movilidad de las personas, los horarios variables y los cambios programados con muy poca antelación. Es difícil saber si una persona pertenece o no a grupos que se han vuelto heterogéneos, y las familias divididas no ayudan a orientarse; la pertenencia a un grupo ya no está garantizada de forma muy coherente. Por último, en un anonimato generalizado y una conectividad ampliada, cualquier institución debe aplicar una norma de seguridad básica o corre el riesgo de convertirse en objetivo.
Esto cambiará el clima escolar. Algunos dirán que estos controles hacen que la escuela parezca una cárcel, pero no lo son en absoluto. Las escuelas no son diferentes de la mayoría de los lugares públicos: lugares de trabajo, entretenimiento, alojamiento, comercio. La ubicuidad de la vigilancia anima a todo el mundo a ajustarse a las normas. En este sentido, la escuela es una construcción social y una preparación perfecta para una sociedad organizada y compleja. "Si sigues las normas, te dejarán en paz.
El hecho de que estas normas no se hayan debatido o actualizado no impide que se pongan en práctica, pero puede restarles eficacia. En una escuela esperemos que abierta, la respuesta está en la tolerancia. En resumen, no es tanto la presencia del control como su efecto lo que cuenta, un efecto sobre las relaciones humanas y especialmente sobre el aprendizaje, el mandato esencial de la escuela. Quien controla puede cambiar, es mejor delimitar su uso y saber cuestionarlo. Una escuela abierta debe tener ciertas características, y la tolerancia es una de ellas.
En esta edición se presentan varios enfoques de la apertura. Una escuela abierta es siempre más interesante, tanto para los alumnos como para los profesores.
Denys Lamontagne - [email protected]
Ilustración: DépositPhotos - Jesussanz