La propia idea de "madurez" remite a una cierta estabilidad. Cuando un árbol está maduro, contribuye al equilibrio de su entorno. Esto puede decirse de cualquier cosa que pueda calificarse de madura: individuos, empresas, sociedades. Si algo está maduro, es el momento de actuar; si no, la oportunidad ha pasado. Cuando una fruta, una verdura o cualquier otra cosa madura, suele avisar. Si no lo ha hecho, hay que esperar.
Las personas pueden madurar a muchos niveles, ya sea físico, intelectual o relacional. Hay varias formas de conseguir la madurez, pero parece que la sobreprotección no es una de ellas. Los profesores trabajan principalmente con niños inmaduros; ¿cómo afecta esto a sus prácticas y métodos de enseñanza? Las diferencias entre los métodos de enseñanza dirigidos a niños, adolescentes, adultos, principiantes o profesionales nos dan las respuestas, pero en todos los casos la maduración requiere tiempo, paciencia y perseverancia. Arrancar las hojas de un árbol no hace que crezca más rápido, y hay límites a lo que podemos pedir a los alumnos; las prisas son contraproducentes.
La madurez de las empresas y las sociedades es de otra naturaleza. Algunas empresas e instituciones parecen claramente más maduras que otras, aunque estén creciendo; integrar la educación en sus operaciones tiene mucho que ver con su solidez y sostenibilidad.
Sólo en retrospectiva podemos reconocer que hemos madurado, cuando podemos comparar la calidad de las respuestas anteriores y actuales. En principio, no se vuelven a cometer los mismos errores. La confianza que sientes cuando te enfrentas a situaciones que antes te parecían difíciles pero que ahora dominas es un buen indicio de madurez. Cuando sabes aprender y sigues aprendiendo, tienes una buena herramienta para alcanzar la madurez y mantenerte en ella.
Denys Lamontagne - [email protected]
Ilustración: racorn - DepositPhotos