Tenemos tendencia a compararnos con nuestros semejantes. Como dice el refrán: "La hierba de al lado siempre parece más verde". El contexto imperante de rendimiento, potenciado entre otras cosas por las redes sociales, nos exige ser irreprochables desde todos los puntos de vista: personal, familiar, amigos, profesional, académico, etc. Y todo ello en un mundo bastante ansiógeno, en el que reaccionamos crisis tras crisis sin llegar realmente a la raíz de los problemas, ya sean sociales, medioambientales o geopolíticos.
Esta combinación de factores ha tenido al menos el mérito de poner de relieve el estrés que sufre una gran parte de la población. Esto ha sido aún más palpable a raíz de la crisis del coronavirus, que ha vuelto a poner en primer plano ciertos valores, entre ellos la búsqueda del bienestar. Muchas personas han dejado un trabajo que no soportaban, han decidido crear su propia empresa, han seguido cursos que les interesaban o han cambiado sus hábitos de vida. Ahora más que nunca están de moda la meditación y la comunicación consciente, aumentan los retiros de yoga y los balnearios, y muchas personas intentan adoptar una dieta o un estilo de vida más saludables. Para retener a los empleados, algunas empresas incluso han empezado a desarrollar títulos de "agente de la felicidad".
Paradójicamente, esta carrera por el bienestar se está convirtiendo en la otra cara de la misma moneda productivista que propone la sociedad. Corresponde a los más relajados, los más en forma o los más equilibrados convertirse en los nuevos modelos de conducta. Sin embargo, hay algo profundamente personal en sentirse bien con uno mismo. Algunas personas se sienten realizadas en una sesión de dos horas de kayak, mientras que otras prefieren leer en un porche bajo la ligera lluvia.
No existe una receta universal para el bienestar. Pero parece que la clave está en el equilibrio. Mientras que el estrés malo nos atrapa y daña nuestro cuerpo, el bueno nos empuja a superarnos e intentar ofrecer resultados superiores, ya sea en el aula o con nuestro jefe. Los especialistas recomiendan a menudo salir de la zona de confort. Cuando se viaja, por ejemplo, es mucho más gratificante explorar el territorio que alojarse en un todo incluido. He aquí una posible manera de mantener un estado de serenidad tanto en vacaciones como en la vida cotidiana: acércate a tus valores mientras te desafías a ti mismo con regularidad.
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Alexandre Roberge - [email protected]
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