Temáticas de la semana

Prisa

Los plazos se acercan, los plazos se acortan, el mandato de ser eficiente se convierte en presión, expresada como estrés, impaciencia, frustración o culpabilidad si no se respeta. La rapidez de ejecución viene acompañada de exigencias de control y efectos apreciados, pero la tolerancia no es una de ellas.

Somos sensibles a la rapidez y la asociamos fácilmente con la competencia: para una misma cualidad, la persona que consigue el resultado más rápidamente parece necesariamente mejor. El control es en cierta medida la condición básica para ir rápido: permanecer concentrado y preciso, con márgenes compatibles con tu tiempo de reacción.

La intoxicación por la velocidad tiene consecuencias para la calidad: calidad de producción, calidad de vida, calidad de interacción, calidad de toma de decisiones; no se pueden sobrepasar ciertos umbrales sin riesgo. Pocos profesionales son capaces de moverse lo suficientemente rápido como para mantener el ritmo a largo plazo; los que han alcanzado este nivel no tienen nada que temer de la competencia.

Nuestras agendas organizan nuestro futuro y definen sus límites con alertas y recordatorios; nuestra disponibilidad esporádica se fragmenta de hecho entre necesidades vitales, económicas y sociales. La disponibilidad restante es codiciada y absorbida por un mundo digital insaciable.

En este contexto, una cosa está clara en la educación: el aprendizaje, la creación de conexiones, la experimentación situada, la apropiación y otros procesos esenciales para el desarrollo de competencias reales requieren tiempo, un tiempo continuo que la biología exige y que no puede comprimirse. Los ritmos biológicos pueden ajustarse, pero dentro de límites bastante estrechos, muy por debajo de la aceleración que posibilita la tecnología, con la IA a la cabeza. Así pues, teniendo en cuenta nuestra realidad orgánica, se cuestiona con razón el uso actual de la tecnología en la enseñanza.

Siguen existiendo los plazos, fijados por la necesidad, por los demás o por nosotros mismos, ingrediente clave de todo buen suspense, revelador de la procrastinación, la pesadilla del final de trimestre, el estrés del comienzo de las vacaciones y las salidas programadas. Tenemos prisa, pero ¿quién tiene prisa? ¿Prisa para qué?

Denys Lamontagne - [email protected]

Ilustración: Shutterstock - 2204705483

Elementos del expediente

Reciba nuestro dossier de la semana por correo electrónico

Manténgase informado sobre el aprendizaje digital en todas sus formas cada día. Ideas y recursos interesantes. ¡Disfrútelo, es gratis!