El metaverso existe, como una ilusión, se puede observar.
Para el juego, el asunto se entiende, nos divertimos, a menudo en serio, con efectos positivos sobre el aprendizaje de ciertas competencias. En educación, su valor reside principalmente en el campo de las simulaciones, los dobles virtuales, la recreación, el modelado y la creación. Esto abre muchas posibilidades... si olvidamos las necesidades de ancho de banda, estabilidad eléctrica y accesibilidad económica de los equipos. Los 2/3 de la población mundial que viven en regiones sin servicios digitales de calidad o con imperativos económicos más acuciantes verán los metavers desde muy lejos.
Más allá de estas consideraciones técnicas, el metaverso se enfrenta a otros obstáculos muy reales:
- la riqueza y variedad de las relaciones humanas difícilmente pueden competir con las que se obtienen en un universo virtual, orientado sobre todo a las sensaciones y reacciones; al cabo de un tiempo, uno se cansa de él;
- los fenómenos de náuseas virtuales limitan la duración del uso de los cascos de RV;
- diversas discapacidades visuales, auditivas y motrices excluyen a otra parte de la población;
- la alfabetización técnica rara vez es evidente, incluso para quienes tienen plenas facultades;
- la falta de regulación y arbitraje hace que el uso público sea arriesgado a muchos niveles.
En resumen, no es mañana cuando los mundos virtuales nos ocuparán masivamente.
Por otro lado, poder crear entornos inmersivos reales hace que las reconstrucciones históricas, culturales o sociales sean accesibles a un gran número de personas. Con el tiempo, millones de seres humanos podrán visitar Pompeya o Machu Pichu sin dañarlos, conocer prácticas ancestrales, sumergirse en costumbres exóticas sin perturbarlas y dejar el privilegio de la realidad a quienes sean lo bastante apasionados, ricos o perseverantes como para ir hasta allí. Se cuestionan los posibles beneficios comerciales y sociales: ¿podrán los habitantes de estas regiones y los actores de estas culturas beneficiarse de los resultados de la apropiación de su patrimonio? ¿Lo virtual despoja automáticamente a la experiencia real de su autenticidad?
En el lado positivo, se facilita la gestión de grandes proyectos, sistemas complejos como ciudades, redes de transporte, grandes edificios e incluso entornos naturales como bosques, parques o sistemas hídricos. Los museos, el turismo, los eventos y el entretenimiento también se beneficiarán pronto, en experiencias sofisticadas que sólo las grandes organizaciones pueden producir.
Si volvemos a la educación, tendremos que aprender a evolucionar en metaversos y la clave está necesariamente del lado de la utilidad. Aprender matemáticas en un universo virtual probablemente no sea muy eficiente si tenemos en cuenta la relación coste/resultado, pero podemos encontrar varias ventajas en aprender a gestionar una red de agua, a construir un circuito electrónico o a concebir una obra de arte que algún día encontrará su camino en la realidad.
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Denys Lamontagne - [email protected]
Ilustración: DepositPhotos - derplan13